Los padres pueden mejorar el desarrollo cerebral del niño

La clave es que la familia sepa que el cerebro infantil debe estimularse

 
Los mayores cambios neuronales se producen en la infancia, pero sobre todo en los primeros años de la vida de nuestros hijos. Por ello, el conocimiento de estos procesos es básico para que los padres entiendan la importancia de la educación, atención y estimulación en el desarrollo del cerebro de sus hijos. 
 
La pasividad de los padres, limitada a la propia alimentación del niño, sin adecuar el medio ambiente al desarrollo cerebral infantil que tendrá repercusiones negativas en el futuro cognitivo, profesional y social de su prole. La manera como los padres crían a sus hijos modula la plasticidad cerebral.
 
Por ejemplo, en los niños criados con afecto éste influye en su comportamiento y en las futuras funciones cognitivas. El cuidado recibido en la infancia es básico como papel protector para la salud mental y los procesos cognitivos de sus hijos.
 
 
     
  Los comportamientos de afecto de los padres con sus hijos, a través de contactos sensoriales (táctiles, auditivos, visuales e incuso olfativos) estimulan la producción de oxitocina y opioides endógenos, que facilitan los fenómenos de plasticidad cerebral.

Todo ello permitirá al niño un afrontar mejor el estrés, le brindará protección frente a las enfermedades mentales y le facilitará los procesos de aprendizaje escolar. La falta de afectividad, contacto o estimulación, así como los períodos prolongados de separación de los padres conllevará también una disminución de la hormona liberadora de crecimiento.
  Padres y desarrollo psicológico del bebé
     

 

Dicha alteración está relacionada con fenómenos de talla baja y bajo peso al nacer y la producción de factores neurotróficos y  de crecimiento neuronal (NGF), que son responsables de los cambios en la citoarquitectura y el crecimiento de las células del hipocampo, responsables de procesos cognitivos tan importantes como la memoria. Por último, la falta de afectividad también afecta a diferentes procesos neuronales. El resultado puede traducirse en una mayor vulnerabilidad al estrés, disminución de la respuesta inmunológica y presentación de cuadros de ansiedad y depresión.
 
Cerebro infantil debe estimularse   Las muestras de afecto de los padres son eficaces protectores que estimulan la empatía y el compromiso en la edad adulta, valores que nos permiten esperar mejores comportamientos sociales de nuestros hijos. Tener una relación activa con el bebé en la que se mezclen estimulaciones sensoriales de todo tipo, auditivas (por ejemplo cantándole canciones), visuales (mostrándole muchos objetos de colores), iniciándole a la actividad de movimientos (hacerle palmitas e iniciarlo en este juego), o táctiles (acariciándole), aportan al niño una fuente de estímulos cuya función más importante es llevar a cabo un buen desarrollo cerebral, una buena maduración cerebral y una buena adaptabilidad al medio.

Si los padres son capaces de llevar a cabo una estimulación adecuada en la que consigan bebés calmados y tranquilos pero con una buena actividad, movimiento, interés por las cosas, mediante los recursos ambientales que tienen a su alrededor (visuales, táctiles, auditivos, de movimientos, espaciales, afectivos, emocionales...) mantendrán un buen desarrollo cerebral. También evitarán consecuencias neurobiológicas negativas para el cerebro en formación del bebé, que pueden tener consecuencias negativas en el futuro desarrollo cognitivo, mental y emocional de su hijo.
 
Se evitan así posibles problemas infantiles, como el trastorno por déficit de atención, tan común en nuestra sociedad, estados de ansiedad, impulsividad...  Las habilidades o capacidades cognitivas y emocionales del futuro niño van a depender de los la interacción con el medio ambiente de la primera infancia. Y van a estar mediadas por motivaciones y emociones, capaces de incidir en un desarrollo neuronal armónico del bebé.
 
     
  En conclusión  
     
  El cerebro cambia de forma las diferentes áreas corticales en función de la actividad física, mental y de interacción con el medio ambiente; que los niños pueden crear nuevas neuronas en función de la estimulación recibida; que los efectos neurofuncionales son específicos en función de dicha estimulación ambiental; y que los padres son los responsables de los estímulos que los bebés y niños pequeños van a recibir en esta etapa de su vida.