Desarrollo cerebral: Las neuronas en los bebés

Cómo estimular al niño para mejorar su aprendizaje

 
En el momento de nacer, un bebé tiene en promedio 100.000 millones de neuronas, pero pocas conexiones neuronales. Éstas se irán multiplicando a medida que el niño crece, mediante la estimulación ambiental, sensorial, cognitiva y del movimiento.
 

Desarrollo neuronal hasta los 3 años

Desarrollo neuronal hasta los 3 años
 
A los cuatro años puede llegar a un máximo de 1000 billones de conexiones neuronales. Por lo tanto, esta es una edad crucial para el aprendizaje; los niños son como esponjas que aprenden todos los días de forma muy rápida y espontánea.
 
Recientes investigaciones han demostrado que la atención es básica para la creación de nuevas conexiones neuronales y para la formación de circuitos cerebrales estables. Sabemos que el establecimiento de circuitos y conexiones neuronales estables y duraderas solamente ocurre cuando se presta atención.
 
Estimular la movilidad y actividad física  también tienen un efecto positivo en el funcionamiento cognitivo al modificar la actividad de ciertas áreas cerebrales. El ejercicio físico posee efectos beneficiosos sobre la función cerebral, tales como promover la neuroplasticidad y aumentar el rendimiento del aprendizaje y la memoria, lo que puede ser debido al aumento de la expresión de varios factores de crecimiento neuronal. Por último, la estimulación ambiental es básica para el desarrollo cerebral armónico y para sentar las bases neurofisiológicas del futuro cerebro de nuestros hijos.
 
     
  Uno de los primeros en intuir este proceso fue el Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal,  quien a principios del siglo pasado explicaba que para "la adquisición de nuevas habilidades se requiere muchos años de práctica mental y física. Para entender plenamente este complejo fenómeno se hace necesario admitir, además del refuerzo de vías orgánicas preestablecidas, la formación de vías nuevas por ramificación y crecimiento progresivo de la arborización dendrítica y terminales nerviosas".  
     
 
En esta línea de pensamiento se  considera que la plasticidad neuronal solamente se puede llevar a cabo a partir del reforzamiento de las conexiones ya existentes mediante dos procesos. El primero, el reforzamiento de las dichas conexiones, lo que  sería necesario para el desarrollo del segundo, es decir, para lograr la plasticidad cerebral de otras áreas corticales. Los mecanismos básicos de esta plasticidad se dan en toda la corteza cerebral, por lo que los mapas corticales funcionales pueden cambiar según la experiencia y el aprendizaje.
 
De acuerdo con lo dicho, sabemos que plasticidad neuronal ocurre en muchos sitios del cerebro, generando diferentes circuitos con múltiples mecanismos sinápticos (conexiones neuronales) como consecuencia de diferentes normas de aprendizaje. Esto permitiría aumentar la plasticidad neuronal hacia otras áreas corticales.
 
La eficacia de la estimulación en la plasticidad cerebral ha sido demostrada y replicada en una amplia diversidad de estudios; de hecho se sabe que la actividad regular y sistemática, así como un ambiente enriquecido (estímulos audiovisuales, táctiles, olfativos, afectivos familiares...) y psicológicamente adecuado, estimula tanto las conexiones entre neuronas como el crecimiento de nuevas células nerviosas, principalmente en el hipocampo, que es una estructura cerebral encargada de analizar y memorizar todos los estímulos nuevos que llegan a nuestro cerebro.
 
Numerosos estudios justifican la gran capacidad neurofisiológica que tiene el entrenamiento sensorial y cognitivo en la plasticidad cortical y en la mejora del aprendizaje y de la memoria no solamente en niños sino también en adultos.
 
Muy recientemente se ha comprobado la evidencia de que en el cerebro de mamíferos adultos se produce un crecimiento continuo de nuevas neuronas, o neurogénesis, y parece que el ejercicio físico y cognitivo ayudan a que el mismo suceda. En este sentido, sabemos que el cerebro que se estimula en ambientes enriquecidos (con estímulos externos) a lo largo de toda la vida se desarrolla mucho más y mejora diferentes funciones cognitivas. Por el contrario, los ambientes deprimidos acarrean consecuencias desastrosas para el cerebro, lo que dificulta los procesos cognitivos a lo largo de la vida.
 
 
 
En resumen: 
 
La actividad regular y sistemática estimula el crecimiento de nuevas células nerviosas y aumenta el número de conexiones sinápticas (neuronales) entre las ya existentes. Para conseguir esta plasticidad neuronal necesitamos estimular adecuadamente y de forma consistente al niño en tareas que tengan interés y requieran atención, que sean repetitivas en el tiempo pero no estereotipadas, que se den a lo largo del tiempo y que tengan una retroalimentación positivo.
   
 
No podemos olvidar que el bebé tiene unos mecanismos genéticos establecidos que favorecen desarrollos puntuales cerebrales óptimos. Esto favorece la inquietud y curiosidad por el medio ambiente de forma natural independientemente de lo que hagan los padres. Sin embargo, que el niño viva en un medio adaptado a sus necesidades será básica en el buen desarrollo cerebral que permitirá una mejora sustancial y se traducirá en una mejora de futuro. Es aquí donde los padres deben implicarse de forma activa de tal forma que si el bebé se encuentra un ambiente con estímulos: probablemente su desarrollo cerebral será mucho mejor que el niño con un ambiente pobre y sin una dirección y organización de los estímulos adaptados a su propio desarrollo.