Impacto de la televisión en niños y adolescentes

Ver la TV con niños y adolescentes es básico para controlar contenidos

 
En el mundo actual donde los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, tienen una incidencia masiva en nuestra vida, parece lógico intentar entender y adaptarse lo mejor posible a estos medios y no rechazarlos de antemano. No creo que el uso ordenado de los medios de comunicación, como la televisión, sea malo: solamente es necesario entender en que consiste, para qué sirve, en qué puede beneficiar y cuáles son los contenidos, elementos o situaciones negativas de la TV.
 
 
Tomas Ortiz Alonso. Catedrático. Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica.
Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid
   
   
   

Analizar lo que se ve en familia

 
Es necesario que los padres analicen los contenidos con los niños pequeños y con los adolescentes para que la representación que proporciona la televisión no se confunda o sustituya a la realidad.

De acuerdo con esta premisa, los padres no pueden permitir que la televisión sea la única fuente de conocimiento de la realidad.

Esto es muy importante para la educación de los niños en el uso de este aparato, puesto que la TV influye decisivamente en el comportamiento de los niños al entender éstos que las imágenes que proporciona son reales.
  Impacto de la televisión en niños y adolescentes
     

La TV puede alterar la personalidad del niño

 
Este proceso de análisis de la televisión por parte de los niños acarrea alteraciones en la estructura de su personalidad al enfrentarse a la realidad donde los logros de los personajes favoritos de ficción son prácticamente imposibles de alcanzar. Si los padres no pueden persuadir a su hijo y el niño es incapaz de distinguir ficción y realidad, se produce una gran confusión que perjudica la integración entre el mundo real e el irreal de su vida diaria; además, le genera frustraciones importantes, capaces de moldear su personalidad, al no poder alcanzar los logros del héroe televisivo.
 
 

Televisión: Efectos cerebrales en los más pequeños

 
Existen varios factores mediante los cuales la tele introduce al niño en un mundo irreal, atractivo, interesante y motivador.
 
 
     
  El primero son los efectos cerebrales que produce la televisión: el niño percibe la realidad en torno a 10 ciclos por segundo, mientras que este medio audiovisual emite a más del doble de ciclos por segundo.  
     
 
 
Esta simple diferencia perceptiva hace que la TV facilite al cerebro del niño la introducción de mensajes mientras queda relegado el proceso natural de percepción e integración de escenas visuales. Y este proceso neurofisiológico básico afecta directamente a los procesos de imaginación del niño.
 
 

La tele favorece la pasividad

 
Televisión: Efectos cerebrales en los más pequeños   En segundo lugar, se produce una falta de interacción por parte del niño, dado que la TV es pasiva y favorece poco la interacción activa, contribuye de forma decisiva a anular cualquier proceso de comunicación lo que contribuye a dejar al niño llevarse más rápidamente de los procesos ilusorios sin necesidad de interaccionar con los mismos.

Por último, el uso repetitivo que tiene la televisión en sus mensajes contribuye a un mecanismo pasivo de respuesta cerebral (activación cerebral disminuida, niveles de vigilancia y atención muy disminuidos) que favorece entrar mas rápidamente en el mundo ilusorio que le ofrece este medio de comunicación.
     
 
 

Efectos diferentes de la televisión en niños y adolescentes

 
Por otro lado, no tiene el mismo efecto la televisión en un niño que en un adolescente. En el primero, el control de los contenidos, del tiempo de exposición a la pantalla, de la participación interactiva de los padres con su hijo y de la explicación por parte de los mismos de las diferencias entre lo que la TV expone y la realidad serán importantes para la buena utilización de ésta como forma de integración cognitivo-emocional, sociofamiliar, social y escolar del niño pequeño.
 
En el caso de los adolescentes, la interacción, explicación y contenidos son menos discutibles con los padres, debido en parte a que el adolescente ya tiene una experiencia con la televisión, en parte a que se considera independiente y con conocimientos para tomar decisiones. Esto se debe en parte a que considera que los padres saben menos que él y también a que está en una etapa de rebeldía familiar, social e intelectual. Sin embargo los padres tienen que vigilar los contenidos de la programación de sus hijos adolescentes, el tiempo dedicado a la pantalla o que no la vean aislados, solos en su habitación.
 

 

 

Efectos positivos de la televisión en los niños

 
La televisión tiene efectos positivos que, con ayuda de los padres, pueden contribuir a un mejor desarrollo cerebral del niño, puesto que es un medio que puede favorecer procesos cognitivos y emocionales. Facilita la asimilación el lenguaje, puede ser una gran fuente de conocimientos y de cultura, cosas que contribuyen a motivar al niño a hacer y aprender más cosas. Pero este objetivo no lo consigue el niño de forma individual: necesita del apoyo de los padres, para llevar a cabo un proceso positivo de asimilación de los contenidos que ofrece la TV.
 

Si se controla bien, la TV educa

 
Los padres pueden conseguir que la televisión pueda cumplir una función educativa, para promover una mayor comunicación, un mejor aprendizaje de la lengua, muchos mas conocimientos, mejor adaptación emocional social, una mayor motivación hacia el conocimiento del propio medio, mas curiosidad por las cosas, etc. los padres tienen que conseguir que la TV lleve a cabo una verdadera formación con su hijo.
La conclusión es que debemos adaptarnos lo mejor posible a los medios que tenemos mediante el conocimiento de los que dichos medios pueden darnos o perjudicarnos, en función del uso que hagamos del mismo, mediante el control de los contenidos, del tiempo de exposición y de las necesidades de nuestros hijos. En este sentido no podemos llevar a cabo el mismo criterio con un niño adolescente que con uno de cinco años, ni en los contenidos, ni en el tiempo de exposición ni en la dedicación paterna al mismo.