Cómo aprende el niño las emociones

Conseguir el vínculo de apego, clave para el desarrollo emocional

 

Para poder tener una buena relación emocional con los hijos, los padres han de saber que las emociones de sus hijos en el principio de la vida son muy intensas y muy frecuentes. Pero también, que son emociones transitorias, por lo que han de prestar mucha atención a la educación de las mismas en los momentos que se producen.
 
 
     
  Esta es una etapa en la que es importante la adaptación y aprendizaje emocional a la vida diaria. El objetivo es que la conformación cerebral de los circuitos responsables de las emociones sea ordenada y siempre orientada a una mejor administración de dichas emociones. Los niños generalmente muestran sus emociones de forma muy directa mediante la inquietud, nerviosismo, fantasías, llanto, dificultades en comunicarse o aislamiento, por lo que los progenitores deben estar muy atentos a este tipo de reacciones.  
     
 
 

Modos de aprendizaje emocional

 
En esta etapa del desarrollo, los bebés y niños desarrollan tres potentes sistemas de aprender emociones, que detallamos a continuación.
 

Aprendizaje por ensayo y error

A través de este sistema, los bebés y niños aprenden por medio de tanteos a expresar sus emociones desarrollando y repitiendo aquellas conductas que les proporcionan la mayor satisfacción, hasta conseguir una familiarización con el proceso. El resultado final suele ser la aparición de un modelo estructurado y bien conexionado cerebralmente. Este proceso activa principalmente la corteza promotora y la frontal inferior izquierdas.
 

Aprendizaje por imitación

Es el más utilizado por los bebés y niños. Los pequeños observan las cosas que provocan ciertas emociones a otros y reaccionan con emociones similares y con métodos de expresiones similares a las de los padres. El aprendizaje por imitación es el más común y más temprano en el desarrollo cerebral. Por ello, es el que utilizan los bebés como mecanismo de conocimiento de su entorno, es el aprendizaje típico de la socialización humana. Se lleva a cabo mediante las neuronas en espejo, las cuales curiosamente se encuentran en la corteza promotora. Este aprendizaje conlleva un aprendizaje por modelos en el que el cerebro consume -para crear estos modelos- mucha más glucosa en el hemisferio derecho, responsable de los estímulos novedosos. Sin embargo, una vez que el modelo está bien conexionado cerebralmente es el hemisferio izquierdo el que lo pone en marcha.

Aprendizaje por asociación visual

Permite al niño llevar a cabo un proceso paulatino de identificación de situaciones emocionales que, al principio, no provocan reacciones emocionales, pero que mediante los procesos de asociación van poco a poco adquiriéndose. El área del cerebro más implicada en este proceso de aprendizaje es la corteza parietal derecha, área implicada en el procesamiento de estímulos espaciales.
  Cómo aprende el niño las emociones
 
Este modo de aprendizaje acarrea una forma implícita de aprender mediante procesos que, de forma no voluntaria o inconsciente, no requieren un recuerdo voluntario o deliberado. Se asocia al aprendizaje de habilidades perceptivo-motoras y de procedimientos y se organiza en zonas del cerebro como la corteza cingular, ganglios basales, cerebelo, amígdala, corteza promotora, áreas cerebrales necesarias e implicadas en la adaptación de nuestras emociones.
 
 

¿Qué tienen que saber los padres respecto a las emociones de sus hijos?

 
Es vital conocer que desde el nacimiento existe un proceso de interacción madre-niño, llamado por algunos la etapa de apego, que genera un vínculo afectivo entre madre e hijo y que será básico en el desarrollo futuro de las emociones del niño. Este vínculo, se desarrolla a partir de las necesidades primarias del niño, como por ejemplo comer. Y también lo desarrolla mediante la interacción con la madre a través de la visión del rostro, las caricias, la voz... Esta primera relación de afecto y apego es básica, puesto que tendrá, además, una función importante en los procesos adaptativos emocionales, imitativos y de comunicación social del niño.

 

     
  Padres y emociones de sus hijos   Los padres tienen que estar atentos a las primeras emociones de los niños como son, las de la ira, el miedo, la sorpresa, el enfado o la alegría e interactuar con las mismas para integrarles en el propio desarrollo emocional del bebé. Se considera que un buen establecimiento del apego entre madre e hijo en los primeros meses, y obviamente en los primeros años de vida del niño, es un factor decisivo en el buen desarrollo y adaptación de las emociones a lo largo de la vida.
     

 

Esta seguridad y adaptabilidad emocional de los primeros meses conseguirá adaptar con mayor eficacia sus relaciones emocionales futuras en su interacción con los demás y, sobre todo, comprender y solucionar mejor sus propios conflictos emocionales.
 
No obstante, los padres tienen que saber que no todas las expresiones emocionales aparecen en el nacimiento, las emociones se van desarrollando en el primer año de la vida, cuando el niño adquiere una mayor capacidad a la hora de la motilidad de la cara, la boca y en general la coordinación de los músculos del rostro, lo que le permite poder expresar mejor sus emociones.
 
Según esta perspectiva el bebé en un principio utiliza el llanto y la relajación muscular propia de un estado de tranquilidad para demostrar su estado de satisfacción, irritabilidad o llamada de atención. Hacia el tercer mes despliega muchas mas emociones, relacionadas con su interacción social y más llamativas desde la expresión facial como puede ser la sonrisa. En este sentido aparecerá también la tristeza propia del bebé cuando comprueba la desaparición o falta de interacción de la madre, utiliza el llanto para llamar la atención y para poder suplir sus necesidades básicas; también por esta etapa el bebé es capaz de demostrar los primeros síntomas de indignación o enfado.
 
     
  Hacia los seis meses de vida el niño comenzará de demostrar estados emocionales más relacionados con su interacción social, tales como la sorpresa, el miedo, etc. como resultado de la interacción social el niño de un año ya es capaz de demostrar estados emocionales a través de una gran variedad de expresiones faciales, tales como, ira, tristeza, alegría, asco, sorpresa, miedo.  
     
 
Será al final del segundo año y durante el tercer año de vida es cuando niño conseguirá  la autoconciencia de dichas expresiones emocionales, a esta edad el niño es capaz de reconocerse en el espejo y de identificar su sentido de identidad diferente al del resto de los que le rodean. Este proceso conlleva el desarrollo de otro tipo de emociones sociales, tales como, la vergüenza, la envidia o la empatía con los demás. En esta edad el niño empieza a identificar también los acontecimientos que provocan las emociones y las causas de dichos estados emocionales, esto permite al niño entrar en la dinámica social e interactiva con otros niños y con el resto de la sociedad.
 
 
Tomas Ortiz Alonso. Catedrático-Director del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica.
Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid