Cómo estimular al niño para lograr buen tono muscular

Ejercicios, posturas y equilibrios, clave en la estimulación corporal

 

 
Para conseguir que el niño tenga un buen control de su cuerpo, los padres tienen que estimular por un lado el tono muscular de reposo, mediante estimulación pasiva de los mismos, así como ejercicios que mantengan el equilibrio. ¿De qué forma? Mediante ejercicios de acción a través de la actividad y fuerza muscular involuntaria y voluntaria.

 

     
  El tono muscular necesario para cualquier movimiento está regulado por el sistema nervioso y proporciona sensaciones que inciden en la construcción de la imagen corporal. También está estrechamente unido con los procesos de atención.

Por tanto, al intervenir sobre el control de la tonicidad, intervenimos también sobre el control de los procesos de atención, imprescindibles para cualquier aprendizaje. De igual modo, la tonicidad muscular está estrechamente relacionada con el campo de las emociones. De ahí que las tensiones psíquicas se expresen siempre en tensiones musculares.

Esto es muy importante para los padres, puesto que mediante el equilibrio y adaptación del tono muscular, se conseguirá una adaptabilidad mayor del niño consigo mismo y con el medio ambiente. Sobre todo es importante porque evitará problemas en sus futuras relaciones afectivas y sociales.
  Estimulación del tono muscular del niño
     

 

Consejos para mejorar el tono muscular del niño

   
¿Que deberían hacer los padres para mejorar el tono muscular de sus hijos? Generar el mayor número de sensaciones posibles a través de diferentes posiciones posturales:
   
•    De pie
•    Sentado
•    De rodillas
•    A gatas
•    Reptando
•    Estimular pasivamente al niño durante el baño tanto las extremidades superiores como las inferiores, con movimientos de flexión y extensión muscular.
   
El desarrollo de la postura y equilibrio también debería ser prioritario en la consecución de la imagen corporal, en este sentido los padres deberían estimularlo mediante ejercicios posturales estáticos, dinámicos y en diferentes planos, manteniendo durante segundos o minutos determinadas posturas, equilibrios sobre una pierna, seguimiento de una línea recta, mantenimiento recto de la cabeza y del cuerpo, etcétera.
 
Los padres no pueden olvidar que el desarrollo cerebral mantiene una ley natural llamada cefalocaudal que mantiene un desarrollo temporal desde la cabeza hacia los pies; otra ley llamada próximo distal que permite un desarrollo temporal desde movimientos del centro hacia la periferia. Esto hace que se adquieran antes los movimientos de la cabeza que los de los pies, y que el desarrollo de los movimientos comience antes por los de los miembros superiores que en los inferiores, y por los movimientos amplios y gruesos antes que por los movimientos pequeños y finos.
 
 

La conciencia corporal del bebé

 
El bebé desde el nacimiento hasta el tercer mes  solamente tiene conciencia corporal a través de la zona oral y de las sensaciones del propio cuerpo:
 
•    A partir el cuarto mes de vida y hasta el año se inicia un interés del bebé por la mano. El niño pone en relación una parte de sí mismo con la vista. Sigue siendo importante el conocimiento del cuerpo, a través de las sensaciones que capta. La piel, es transmisora de mensajes, que la madre comunica al niño cuando lo mece, lo lava o lo viste.
   
•    Hacia el quinto mes, el niño reconoce su imagen en el espejo.
   
•    A partir de los seis meses puede ejercer su acción en el espacio próximo.
   
•    Hacia el noveno mes comienza a distinguir sus manos de los objetos que coge. La conciencia del cuerpo va a organizarse poco a poco, gracias a la actividad motriz, al dolor y a las representaciones visuales.
   
•    A partir del primer año, la madurez de las estructuras nerviosas y la propia actividad del niño irán perfilando una buena conciencia corporal.
   
•    Será entre los 18 meses y los dos años cuando se formen las primeras imágenes mentales. Éste el momento en el que puede decirse que existe una imagen corporal propia.
   
•    A partir de los cinco años se pasará de un estado global a uno de diferenciación y análisis, el niño irá adquiriendo conciencia clara de su cuerpo, aunque este conocimiento sea dinámico y sujeto a cambios.
   
 
 
Tomás Ortiz Alonso. Catedrático-Director del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid