La respiración del bebé: Problemas y enfermedades

Cómo se producen las primeras respiraciones del recién nacido

 
En cuanto nace, el bebé debe poner en funcionamiento su sistema nervioso central y autónomo. Esto significa que una compleja maquinaria se pone en marcha para reemplazar el líquido que baña sus pulmones por aire; establecer una adecuada circulación pulmonar y corregir de forma significativa la dirección del flujo sanguíneo a través de las cavidades cardíacas y los grandes vasos. La coordinación de todos estos hechos interdependientes es esencial para el funcionamiento de un sistema cardiorrespiratorio capaz de mantener un adecuado aporte de oxígeno a todo el organismo del recién nacido.
 
 
El que todo este proceso se logre en pocos instantes parece milagroso. El momento más importante del parto es el de la primera respiración del recién nacido, momento que puede considerarse como el final de la vida fetal y el comienzo de la vida postnatal.
 
 
Sin embargo, antes de que se produzca esta primera respiración, el centro respiratorio, situado en el sistema nervioso central debe integrar los múltiples estímulos que recibe y enviar las señales correspondientes a los músculos respiratorios para que entren en acción. La existencia de movimientos respiratorios durante la vida fetal probablemente se corresponda a un entrenamiento para el momento de comenzar la respiración extrauterina.
 
Los movimientos respiratorios durante la gestación son irregulares e inconstantes, es posible que esto sea debido a los pocos estímulos que llegan al centro respiratorio durante este periodo en el cual el feto se encuentra muy protegido frente a estímulos externos. Tras el nacimiento, la multitud de estímulos externos (térmicos, táctiles,etc.) y de los quimiorreceptores internos "disparan" el inicio y mantenimiento de una respiración efectiva.
 
 
 

La primera respiración del bebé: pequeño gran milagro

 

 

 

 
  Una vez en marcha las contracciones de los músculos respiratorios, éstas deben generar suficiente fuerza para: mover el aire y la columna de líquido (unas cien veces más viscosa que el aire) del interior de los pulmones; vencer la fuerza de la tensión superficial en la interfase aire-líquido y moverlo en las pequeñas vías aéreas; distender el tejido pulmonar.

El diafragma debe contraerse y descender de manera eficaz para crear una presión negativa en el tórax que tiene que ser muy alta en las primeras respiraciones: se ha medido hasta 40-80cm H2O.
  La respiración del bebé: Problemas y enfermedades
     

 

El aire que entra al pulmón en las primeras respiraciones no se elimina totalmente en la espiración, va a mantenerse un cierto volumen de aire retenido en el pulmón para evitar el colapso alveolar, este volumen de aire residual constituye la capacidad residual funcional del pulmón y es similar al volumen de líquido fetal al final de la gestación (alrededor de 40-50 ml). El mantener esta distensión de los alvéolos es fundamental para la vida porque la respiración requiere menos esfuerzo y sólo son necesarias presiones de 6-8 cm H2O, muy inferiores a las necesarias para las primeras respiraciones.
 
El líquido pulmonar es eliminado en parte hacia el exterior durante el parto vaginal, el resto hacia los capilares, linfáticos y espacio intersticial del pulmón. Durante las primeras respiraciones en las vías aéreas sigue manteniéndose una pequeña cantidad de líquido pulmonar, pero en poco tiempo es desplazado completamente por el aire. Cuando por alguna causa el líquido no es eliminado del pulmón puede originarse una dificultad respiratoria del neonato que puede requerir cuidados médicos hasta su resolución.
 
Los vasos pulmonares, que estuvieron constreñidos durante la vida fetal, deben ahora dilatarse para conseguir la adecuada perfusión del tejido pulmonar y el intercambio de gases. Con la primera respiración, entra el oxígeno al alveolo y aumenta el oxígeno en sangre (PaO2),  y aumentan los niveles en sangre de sustancias con acción de dilatar los vasos sanguíneos. Se dilatan las arterias y todos los vasos pulmonares, disminuye la resistencia al paso de la sangre (que estaba aumentada en la vida fetal), permitiendo un mayor flujo de sangre a través de los vasos pulmonares necesario para la realizar adecuadamente la función pulmonar postnatal, que no es otra que el intercambio gaseoso (O2 y CO2).
 
Normalmente la presión de la arteria pulmonar cae en un 50 por ciento aproximadamente con respecto a la presión sanguínea general en las primeras 24 horas tras el nacimiento. Si la falta de oxígeno o una acidosis persistente constriñe las arterias pulmonares y  disminuye el aporte de sangre que llega al pulmón, se produce una situación crítica en la adaptación del recién nacido, que tiente como resultando la dificultad para conseguir una adecuada oxigenación.