Diagnóstico de la alergia a la leche de vaca

 

    Alergia a la leche de vaca
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El diagnóstico de la alergia a las proteínas de leche de vaca (PLV) se basa en la confirmación de la sospecha clínica mediante la determinación de IgE específica y prueba de provocación controlada.
 
     
     
  En la infancia el diagnóstico de la alergia a la proteína de leche de vaca debe ser periódicamente revisado, ya que la sensibilización es transitoria en la mayor parte de los casos.  
     
     
 
Se realizarán pruebas cutáneas con leche entera y sus fracciones proteicas, BLG, ALA, BSA, y caseína según técnicas estandarizadas.
 
La determinación de la IgE específica para la leche completa y sus proteínas alergénicas tienen también importancia diagnóstica. Se discute si la magnitud de la IgE se relaciona con la gravedad de la alergia, aunque por lo general suele ser así.
 
     
  Anticuerpos IgE específicos: La IgE es el anticuerpo producido en las reacciones alérgicas.  
  Cuando se desea saber si una persona es alérgica a una sustancia en particular, se lleva a cabo un análisis de sangre de inmunoglobulina E (IgE) para detectar la presencia de un alérgeno específico. Hay un anticuerpo IgE específico para cada alérgeno como ejemplo: el IgE producido como respuesta al polen es diferente del IgE que se genera con la ingesta de determinados alimentos (leche de vaca, huevo, etc).  
     
 

¿En qué consiste la prueba diagnóstica de la alergia a la leche de vaca?

La prueba de provocación oral es la única prueba definitiva para el diagnóstico aunque no hay que realizarla siempre. Así por ejemplo, en pacientes con reacciones graves o reacciones leves inmediatas, repetidas y recientes en relación con la ingestión o el contacto con la leche de vaca, la demostración de IgE específica puede ser suficiente para establecer el diagnóstico. Esta prueba debe ir siempre precedida del consentimiento informado por parte del paciente o tutor del mismo.

En la práctica clínica, la provocación oral abierta es la habitualmente utilizada en los niños, si bien en investigación y en los casos con síntomas dudosos se recomienda llevar a cabo una provocación oral doble o simple ciego controlada con placebo. Se comienza con cantidades siempre menores de las que desencadenaron la última reacción y se aumenta con intervalos de tiempo que superen el periodo de latencia, siempre por encima de 30 minutos, hasta llegar a la cantidad normal de la toma del lactante o 200-250 ml en los niños mayores y en los adultos. No se considera que se ha alcanzado la tolerancia hasta confirmar que el niño toma la leche correspondiente para su edad durante una semana.