Procesionaria peligro para los niños

Sus diminutos pelos pueden producir urticaria y conjuntivitis

     
Procesionaria   Aunque es un espectáculo de la naturaleza ver desfilar a las procesionarias en primavera, y es algo que resulta muy divertido para los niños, hay que evitar todo contacto.

Sus diminutos pelos se comportan como arpones aventados por el aire y provocan efectos nocivos como urticaria o conjuntivitis.

En los casos más graves se pueden producir reacciones anafilácticas que requieren tratamiento con corticoides.
     

     
  La procesionaria del pino, "Thaumetopoea pityocampa" en su nombre científico, representa un peligro cada primavera para niños (más sensibles por su fina piel), mascotas y adultos. Se trata de lepidópteros de la familia "Thaumetopoeidae" que viven durante la época del frío en lo alto de los pinos envueltas en bolsones. Cuando comienza el buen tiempo abandonan su hogar, bajan al suelo en hileras, como la procesión de una cofradía en Semana Santa, con el objetivo de enterrarse en la tierra donde completan la metamorfosis hasta convertirse en mariposas durante el verano.  
     
   
   
De amplio arraigo en el sur de Europa y norte de África, a veces también anidan en lo alto de los cedros y abetos. Este año han adelantado su descenso desde la copa de los árboles en algunos lugares de la geografía peninsular y en Baleares tras el pasado invierno, con temperaturas más suaves, y más seco de lo habitual. Una vez completado el ciclo, como en un eterno retorno todo vuelve a empezar. La hembra de la mariposa pone los huevos en lo más alto de los árboles (puede poner hasta 300) y las orugas nacen entre 30 y 40 días después, que suele ser septiembre y octubre. Se han dado casos de hasta 2.000 huevos en el mismo pino.
 
 
 

Procesionaria: una plaga en el pinar

 
Estamos hablando de una plaga para los pinares sólo superada en destrucción y daño por los incendios forestales. Algún año se han visto perjudicadas hasta 500.000 hectáreas de bosque. La oruga se alimenta de las hojas alargadas de los pinos, las acículas. Aunque no suele provocar la muerte del árbol, lo debilita hasta el punto de que lo convierte en presa fácil de otras plagas.

Su zona de actuación alcanza áreas urbanas, parques, jardines, piscinas, colegios, urbanizaciones y complejos residenciales. Pero aparte del destrozo ecológico, las personas, sobre todo los niños, corren peligro si entran en contacto con los pelos urticantes de la oruga. Este tricoma libera taumatopenia, una toxina que provoca, en su consecuencia más benigna, dermatitis irritativa.

Las orugas llevan en el dorso unos pliegues cargados de diminutos pelos urticantes de color naranja (unos 500.000 por ejemplar). Aparte de tóxicos, contienen alérgenos. Si se ven amenazadas abren estos pliegues y liberan millares de pelos urticantes al aire que en contacto con la piel pueden provocar reacciones alérgicas. Esta urticaria se manifiesta con ronchas rojas en cuello, brazos, las piernas y el torso y su efecto puede durar varias semanas, aunque lo normal es que desaparezca de manera espontánea. Además causa irritación de los ojos (conjuntivitis) y en raras ocasiones inflamación de las vías respiratorias. En estos casos de dificultad para respirar hay que acudir inmediatamente a urgencias.
  Procesionaria en niños
     
     
     
  Hay veces que también pueden producir reacciones nocivas para la salud cuando las larvas están en forma de crisálidas enterradas en el suelo. Por eso hay que evitar que los niños jueguen con la tierra en zonas de pinos.  
     
 
 
 

Procesionaria: prevenir todo contacto físico

 
   
Según el estudio "Prevalencia de reacciones cutáneas a la procesionaria del pino en adultos", publicado en la revista "Contact Dermatitis", la oruga procesionaria ocasiona urticaria en el 12 por ciento de las personas que habitan en zonas rurales y en el 4 por ciento de las que viven en la ciudad..
   
Como siempre, es mejor prevenir que curar. Por eso lo expertos aconsejan evitar el contacto físico con las orugas, sus nidos o los árboles donde residen. Los médicos indican que el riesgo de urticaria es pequeño y que los pacientes alérgicos a su picadura son los más propensos a presentar problemas.
   
En muchos casos el encontronazo con la procesionaria se salda con una urticaria o conjuntivis que desaparece al poco tiempo. Pero si perdura hay que visitar al especialista. Estos pelos, con forma de arpón, han causado en algunos casos procesos anafilácticos graves. Cuando las reacciones son leves hay que echarse agua, mejor fría, en la zona afectada. También se puede tratar con antihistamínico. Para los casos más graves queda reservado el corticoide, siempre bajo prescripción pediátrica.
     
   
   
   

Cómo acabar con las procesionarias

 
La Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (Anecpla) recomienda que cuando se observe la aparición de los nidos donde se refugian las procesionarias se contacte con los profesionales. Además, los ayuntamientos acostumbran a realizar labores de prevención en las zonas públicas de sus municipios. En las urbanizaciones conviene mantener los árboles en un estado adecuado. Existen distintos métodos para eliminar la plaga de procesionarias, como destruir los bolsones, el uso de trampas de feromonas, la instalación de barreras físicas o el empleo de productos químicos.
     
Cómo acabar con las procesionarias   Una vez detectado el problema, las comunidades de propietarios deben tener en cuenta que la empresa elegida para liquidar el asunto debe estar inscrita en el Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Plaguicidas/Biocidas y el personal técnico debe estar en posesión del carné oficial que le certifique como especialista. Recuerdan los responsables de Anecpla que los productos utilizados deben estar registrados y autorizados por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

El profesional estudiará el ciclo biológico en el que se halla la plaga, las condiciones ambientales, el nivel de infestación con el objetivo de reducir al máximo el impacto sobre el medio, los animales y el ser humano. Este análisis preciso llevará a aplicar una técnica u otra para controlar la plaga.
     
Para acabar con los nidos hay que cortarlos primero y luego quemarlos. Con las trampas de feromona se atraen a los machos y así desciende la oportunidad de apareamiento. También se utilizan inhibidores de crecimiento. En cuanto a las barreras físicas, se suele colocar un cono para atrapar a la oruga, que muere por inanición. Otras fórmulas son los tratamientos con insecticidas como el "bacillus thuringiensis", insecticida biológico formado por miles de bacterias. Es inocuo, se mezcla con agua y se aplica pulverizando con una mochila, un cañón o en tratamientos aéreos en Ultra Bajo Volumen (ULV). Así se mata a la oruga en sus primeros meses de vida, entre octubre y diciembre.
 
Charo Barroso