Tipos de vitaminas

Vitaminas liposolubles e hidrosolubles

Las vitaminas se han clasificado principalmente en función a su solubilidad, es decir, según su capacidad para disolverse en otra sustancia que es el agua o las grasas.
 
De esta manera podemos hablar de vitaminas hidrosolubles, cuando se disuelven en agua, o vitaminas liposolubles cuando lo hacen en grasa.
 
Además, dentro de estas dos categorías hay otra subclasificación que tiene en cuenta otras características a parte de la solubilidad como la forma de almacenamiento en el cuerpo, el modo de actuación y su potencial de toxicidad.
 
Los dos grandes grupos de vitaminas son:
 
Vitaminas liposolubles
 
Pertenecen a este grupo las vitaminas A, D, E y K.
 
Las vitaminas liposolubles, debido a su capacidad para disolverse en la grasa, se almacenan en el tejido graso del organismo. Gracias a esta capacidad, se absorben fácilmente en el intestino y desde la sangre van a la grasa del cuerpo humano donde pueden almacenarse durante mucho tiempo. De esta forma, aunque el aporte de estas vitaminas sea insuficiente, el cuerpo puede contar con estos depósitos durante un tiempo más o menos largo hasta que se agoten definitivamente. Además del tejido graso, las vitaminas A y D se almacenan en el hígado donde sus reservas pueden llegar a durar hasta meses. Esto no ocurre, sin embargo, con los depósitos de vitamina K que se agotan relativamente rápido en unos días por lo que su déficit se manifiesta antes que el de las otras vitaminas liposolubles.
 
Por otro lado, esta capacidad para almacenarse en la grasa durante largos periodos de tiempo es también la responsable de que estas vitaminas puedan acumularse hasta niveles tóxicos para el organismo al no eliminarse, lo cual es peligroso para la salud. En concreto, el cuerpo humano es especialmente sensible al acúmulo excesivo de vitamina A y D. Por todo esto, lo recomendable sería consumir las cantidades justas y necesarias de vitaminas liposolubles para evitar tanto problemas por su deficiencia como por su toxicidad.
 
Las principales fuentes de estas vitaminas y las consecuencias de su consumo excesivo o insuficiente son:
 
 vitamina a, vitamina d   Vitamina A: Se encuentra en la leche, la yema de huevo y ciertas verduras. Consumida en exceso puede ser causa de dolor de cabeza, alteraciones en la piel… El aporte insuficiente de esta vitamina provoca en los casos más graves ceguera nocturna y lesiones en el globo ocular.

Vitamina D: Presente en la leche y en el huevo entre otros. Es imprescindible la luz solar para su activación. El déficit es causa de raquitismo y osteomalacia; mientras que un abuso de la misma puede provocar el depósito de calcio en diferentes órganos.
     
Vitamina E: La podemos consumir con la soja, los cereales, la yema de huevo y algunos vegetales. La falta de vitamina E se relaciona con manifestaciones neurológicas.
 
Vitamina K: Está presente en las verduras de hoja oscura, carne de cerdo y en hígado. Otra parte de la vitamina es producida por las propias bacterias intestinales. Cuando hay un aporte excesivo de esta vitamina puede aparecer anemia o ictericia; así mismo, su déficit conduce a la facilidad para el sangrado por alteraciones en la coagulación.
 
 
 
Vitaminas hidrosolubles
 
Las vitaminas solubles en agua son la vitamina C y las vitaminas que conforman el grupo del complejo B. A diferencia de las vitaminas liposolubles, éstas no se almacenan en el cuerpo y se deben consumir diariamente para cubrir las cantidades necesarias para el organismo. Por esta razón se podría pensar que las vitaminas hidrosolubles son inocuas en grandes cantidades por su rápida eliminación, pero esto no es cierto ya que este tipo de vitaminas también pueden presentar efectos tóxicos en dosis excesivas.
 
•  Vitamina C:
  Se encuentra en algunas frutas (naranja, kivi, limón…), las espinacas, la leche y la carne entre otros alimentos. Su carencia produce la enfermedad conocida como escorbuto (hemorragias, pérdida de dientes, gingivitis…) y su exceso puede ser causa de cólicos renales.
   
•  Vitaminas del complejo B:
  Son las siguientes : Vitamina B1  o Tiamina, Vitamina B2 o Riboflavina, Vitamina B3 o Niacina, Vitamina B5 o Ácido Pantoténico, Vitamina B6 o Piridoxina, Vitamina B8 o Biotina, Vitamina B9 o Ácido fólico y la Vitamina B12 o Cianocobalamina. Los alimentos que contienen vitaminas del complejo B son el pescado, los productos lácteos, el hígado, la carne de pollo, la levadura de cerveza, los vegetales de hojas oscuras, los cereales y el huevo.