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Qué hacer con los niños que comen mal

La inapetencia infantil puede afectar a la salud mental

 
Ni el avioncito, ni ésta por papá y la otra por mamá, ni siquiera los chantajes parece que funcionan ya con los más pequeños a la hora de la comida. 
 
     
  El 47 por ciento de las familias españolas con niños entre 1 y 10 años admiten que sus hijos comen mal.

Así lo señala un estudio realizado por el Observatorio de la Nutrición Infantil (ONI) que pone sobre la mesa datos terribles: uno de cada tres niños come muy poca variedad de alimentos y la mitad no come nunca aquellos imprescindibles para un crecimiento adecuado como son las verduras, legumbres y pescados.

En nuestro país, como en todo, hay diferencias: los menores catalanes son los que peor comen; los que mejor, los vascos. La pregunta es, ¿qué hacer con los niños que comen mal?
  Niños que comen mal
     
 
 
Sobre esta situación alertaba hace unos meses otro grupo de expertos durante la celebración del XXIV Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), que advertían de que la inapetencia infantil puede deteriorar la salud mental. Uno de estos expertos, el doctor Venancio Martínez, del centro de Salud El Llano de Gijón, tiene claro que "cuando un niño no come es porque no puede, no lo necesita o no quiere" y aboga por la realización de un diagnóstico diferencial con historia clínica que incluya una encuesta de riesgo nutricional y las curvas de crecimiento; hay que valorar si realmente existe un problema o no. "Se dan muy pocos casos graves, pero algunos niños que son malcomedores o inapetentes requieren un tratamiento multidisciplinar para abordar estos trastornos alimentarios que, en ocasiones, conducen a problemas de salud mental" como los relacionados con la anorexia y la bulimia, explica Venancio Martínez.
 
Los trastornos de alimentación son algo que preocupa seriamente a los padres. Se calcula que suponen el 12 por ciento de las consultas de atención primaria en edades de entre 1 y 4 años. Un crecimiento deficiente (39%) y mayores probabilidades de sufrir enfermedades (26%) son los riesgos que los padres asocian a un niño inapetente. Y a sólo un 1% le importa que esto provoque malos hábitos alimentarios en al edad adulta.
 
 
     
     
  No obstante, los especialistas señalan la necesidad de distinguir entre los niños tiquismiquis y los que tienen una relación patológica con los alimentos, a veces por cuestiones orgánicas y otras por causas emocionales.  
     
     

 

Las estadísticas son importantes: un 25% de los niños sufren trastornos alimentarios en algún momento de su vida; en especial los prematuros (40-70%) y los niños que padecen discapacidades del desarrollo (80%).