PUBLICIDAD
    Natalben desarrollo
   
   

Ventajas del comedor escolar para el niño que come mal

Las normas y hábitos ayudan a los pequeños malcomedores

 

No le gustan las lentejas, detesta los guisantes, los minutos ante el pescado se hacen eternos… Mil y un reparos a la hora de comer en casa que, sin embargo, parecen desaparecer por arte de magia cuando los pequeños acuden al comedor del colegio. ¿Dónde está la clave del cambio?

Acostumbrados a las pequeñas luchas a la hora de la comida, a muchos padres les puede parecer imposible que sus hijos coman de todo, lo suficiente y en un tiempo establecido en el comedor escolar. Surge el temor de que estén alimentándose mal, de que no tomen las cantidades necesarias o de que la escuela no nos diga toda la verdad cuando nos comunica que come sin problemas.
  Ventajas del comedor escolar para el niño que come mal

 

 
 
Pero aunque nos parezca imposible, por norma general los niños comen mejor en el colegio que en casa. ¿Por qué?

Porque tienen "unos horarios fijos, una rutina, imitan las conductas de los otros niños y una actitud agradable y positiva ante la comida a pesar de que tengan que hacer frente a cosas que nos les gustan", explica Vanessa Buitrago,  nutricionista de la empresa especializada Medicadiet.
   
 
 
"La hora de la comida en el colegio se convierte en un acto social, aprenden buenos hábitos de alimentación e higiene, y saben que lo que hay es lo que van a comer y no hay más opciones, salvo en aquellos casos que sea necesario como los niños alérgicos", precisa esta nutricionista quien insiste en que es prioritario cuidar la alimentación de toda la familia para dar ejemplo. Hay que tener claro que la responsabilidad de enseñar a comer es de los padres, no del colegio y en él se irán afianzando habilidades que el niño ya debería conocer y usar. "En casa, por lo general, se busca la comodidad, se le da de comer al pequeño para que tarde menos, se prepara algo rápido y que le guste para evitar enfrentamientos".
 
 

Mejor comer menos y más variado

 
Pero además, surge otra cuestión que, en muchas ocasiones los padres no suelen tener en cuenta. "Hay que saber identificar la cantidad de comida que se ha de dar al niño en función de sus necesidades y la edad", señala Vanessa Buitrago, "en el comedor escolar suele estar más identificada esa ración, en casa nos empeñamos que coman prácticamente como un adulto. Hay que cuidar más la calidad que la cantidad, es más importante que estén todos los grupos de alimenticios, es mejor que coman un poco de filete, de verduras y de patatas a más cantidad de sólo uno de ellos".
 
     
  Un estudio realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria revela que los niños que comen en el colegio presentan índices de exceso de peso menores que aquellos que se van a casa. En esta cuestión algunos expertos creen que la razón obedece a que en la escuela los niños son más activos, se mueven más,  a que tienen menos presión a la hora de comérselo todo y a que en casa se pone más comida, casi la misma que consumen los padres.  
     
 
Esta nutricionista señala que "hay mucho por hacer a la hora de seguir luchando por una alimentación nutricional de calidad, y hay que empezar por los padres" y respecto a los menús escolares echa en falta una mayor especificación de lo que comen los pequeños "no se especifica qué pescado o qué carne, por lo que resulta en muchos casos difícil valorar esa comida desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo. No todos los pescados o las carnes aportan lo mismo", lo que dificulta una planificación de los padres a la hora de confeccionar los menús para la cena.  "Hacen falta más clases de nutrición dirigidas a los padres, a los educadores y al personal de cocina", sentencia Vanessa Buitrago.
 
 

Las claves del éxito del comedor escolar

   
Normas de higiene y hábitos   Normas que ayudan a los niños malcomedores
  Antes de ir a comer hay que lavarse las manos, la comida se con los cubiertos y se come sentado, sin levantarse hasta que se acaba de comer. La hora de la comida no es un juego. Por el contrario en casa suelen comer viendo la televisión, con juguetes…  
     
Hay una rutina establecida  
  En el centro escolar comen a una hora fija, y en cambio en nuestra casa esos horarios no resultan estrictos, tampoco el lugar donde a veces comen. Improvisamos mucho más y a los niños les gusta hacer las cosas a las mismas horas y en el mismo orden.  
     
Hay un tiempo para comer  
  Cada niño lleva su ritmo, pero ninguno se alarga más allá de la hora de cierre del comedor. El tiempo de la comida no se dilata, hay un tiempo para comer sin prisas, pero una vez pasa se retira la comida.
   
Una actividad lectiva más
  Podríamos decir que la hora de la comida es como una asignatura más, como la hora del recreo, la hora del cuento… No tienen otra opción. El momento de la comida se vive como una actividad lectiva más, tan importante como el resto, para ellos es importante aprender a hacerla bien.
   
Hay unas reglas
  El pequeño tiene asumido que se está sentado, que se hace caso al cuidador y que se come lo que hay. Existe un menú único aunque no le guste. Salvo problemas de alergias u otras complicaciones todos comen lo mismo, sobre todo de pequeños, cuando van siendo mayores pueden elegir entre varios platos. En el colegio hay unas normas educativas claras que todos los niños conocen y deben cumplir.
   
Tienden a imitar las conductas
  Si ven que los niños de su alrededor comen, eso le animará a hacerlo.
   
Tienen menos presión
  El ambiente en el colegio es más relajado. En casa si el niño come mal siempre se produce una pequeña batalla, que incrementa la desgana del pequeño. Si los padres esperan que coman mal, comerá mal.
   
Vigilancia
  Un cuidador vigila a decenas de niños. No les exigen que acabe todo el plato, porque tampoco es necesario. En casa estamos pendientes en todo momento, la atención es tan personalizada que resta naturalidad. Si no se acaba el plato los educadores intentarán motivar y animar al niño para que coma, pero no estarán en exclusiva insistiendo ni centrando toda su atención en él. Además, la relación que establece con la persona encargada del comedor es mucho más objetiva que la que mantienen con sus padres. Su mayor neutralidad ante la actitud de los pequeños evita los posibles chantajes emocionales con la comida, que sí suelen darse en casa. No obstante, siempre existe un margen, sobre todo cuando se están habituando al comedor. Así, se puede pactar la cantidad: "si te tomas dos cucharadas de guisantes puedes dejar el resto", e ir ampliando hasta que se coma todo el plato. Lo importante es incentivarle más que imponerle.
   
Colaboración
  En muchos colegios cuando los niños terminan de comer recogen sus propios platos. En casa conviene dejarles participar en la medida de lo posible.
   
 

Lo que aprenden en el comedor

 
Nutricion infantil: Comedor escolar   Autonomía. Comen ellos solos, aprenden a coger los cubiertos con destreza. Son autónomos, se valen por sí mismos
   
  Sin caprichos. Los platos estrellas del comedor (como la pasta) no son caprichos, sino alimentos saludables. No vale no quiero eso rojo o eso verde.
   
  Socialización. La comida es un momento de compartir, charlan con los compañeros, se ríen, se hacen bromas…
     
Superación. Los niños aprenden imitando también a los demás niños.  Así que si ven que otros compañeros son capaces de hacer ciertas cosas, ellos intentarán superar sus dificultades. Comerán solos, intentarán llenar el vaso sin tirarlo, se comerán aquello que les disgusta…
 
 

 

Charo Barroso