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Omega 3, el alimento para el cerebro de los niños

Es clave para el desarrollo óptimo del cerebro y de la vista

 

     
  Omega 3, el alimento para el cerebro de los niños  

Imprescindibles para un buen crecimiento del cerebro, del sistema nervioso y de la vista, los omega 3 no deberían faltar en nuestro plato. Una ingesta adecuada resulta crucial durante el embarazo, en el lactante y en la primera infancia.

Las investigaciones demuestran que mejoran la capacidad intelectual de los niños y protegen la buena salud mental.

Favorecen el aprendizaje, reducen la ansiedad, combaten la depresión, mejoran la memoria, la vista, la concentración...

     
 
 
 
     
  Y sin embargo los españoles no consumimos la cantidad necesaria de ácidos omega 3 recomendados por los especialistas, unos 500 miligramos diarios. Por ello tenemos que hacer un esfuerzo, sobre todo entre la población infantil, porque son componentes esenciales que no pueden ser fabricados por nuestro cuerpo y que sólo podemos aportar gracias a una dieta adecuada.  
     
   
   
     

Alimentos con omega 3

 
 
   
El ácido alfalinolénico, el graso poliinsaturado eicosapentanoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) son considerados los principales ácidos grasos omega 3.

El primero se encuentra en semillas como el lino o las nueces y en el aceite de algunas plantas como la linaza.

Y los otros dos, en pescados (en especial el azul) y crustáceos.

Son más abundantes en los pescados grasos como la trucha, el salmón, las sardinas, el bacalao o los arenques.

Hoy día existen en el mercado gran cantidad de alimentos enriquecidos con omega 3 como leches, zumos, huevos... El EPA y el DHA presentan una estructura más larga que el ácido alfalinolénico y por eso se conocen como "de cadena larga" y son los preferidos por nuestro organismo.
  Nutrición infantil: alimentos con omega 3
     

 

 

Omega3: Las gestantes y lactantes no toman suficiente

 
Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) se advierte que hoy día no se consumen las porciones aconsejadas y apuntan a dos grupos principales de riesgo: gestantes y lactantes, para los que "se debe extremar y garantizar el consumo de estas sustancias ya que coinciden con el momento de desarrollo neurognitivo".
 
La Comisión Europea publica en el diario oficial de la Unión Europea que los ácidos grasos poliinsiaturados son necesarios para el normal desarrollo y crecimiento de los niños y que los efectos beneficiosos se obtienen con una ingesta diaria de un 1 por ciento del total de la energía en el caso del ácido linoleico (omega-6) y del 2 por ciento para el caso del omega 3. Los estudios realizados por el Instituto Omega 3 evidencian que España esta cifra no alcanza el 0,5 por ciento.
 
Después de años de estudio, la comunidad científica coincide en destacar los importantes beneficios que para la salud tiene el consumo de alimentos con alto contenido en omega 3. No en vano, aunque están presentes en todas las células del organismo, presentan una mayor concentración en el cerebro y la vista.
   
   
   
   

Clave para el cerebro y la vista

     
Las membranas neuronales y la mielina, la envoltura protectora que las cubre, concentran la mayor parte de la grasa del cerebro. La efectividad con la que se comunican las neuronas depende del tipo de grasa y de su proporción. Y entre ellas, el DHA desempeña un papel clave, pues compone el 60 por ciento del total. Si el cerebro no obtiene suficiente grasa de este tipo, formará las conexiones con aquellas que encuentre formando uniones que, aunque funcionen, podríamos tachar de defectuosas.
 
Omega 3: clave para el cerebro y la vista del niño   Los estudios más recientes han demostrado que el DHA es la base para la elaboración de la neuroprotectina D1, que protege las células cerebrales prolongando su vida y reduciendo procesos inflamatorios que se producen en enfermedades como el Alzheimer.

Pero también resulta vital para una buena visión.

La retina presenta la concentración más alta de DHA en el cuerpo, lo que da buena cuenta de su importancia, ya que participa en el proceso de comunicación entre lo que vemos y el cerebro.
     
    Charo Barroso