El síndrome de la guardería

Catarros, gastronteritis y bronquitis en la vuelta al cole

     
Alergia al látex   Una de las cosas que más preocupan en estas fechas a los padres son las enfermedades que pueden padecer sus hijos con la vuelta al colegio. Durante los primeros años escolares la vida de muchos pequeños transcurre entre un auténtico tratado de enfermería: laringitis, bronquitis, conjuntivitis, gastroenteritis… Con el aterrizaje de los meses invernales las escuelas se convierten en el lugar idóneo para que las enfermedades campen a sus anchas.
   
  Es el conocido y temido "síndrome de guardería". Pero por mucho temor que infunda, hay que tener claro que son infecciones típicas de la infancia, nada raras, y las mismas que el niño podría padecer si estuviera en casa. La única diferencia es que, como consecuencia del contacto con otros niños, éstas se multiplican de forma exponencial. Pero aclaremos: no se trata de enfermedades especiales y, en la mayoría de los casos, se curan con facilidad.
   
  Charo Barroso
     
     

 

Hasta una infección por semana en el cole

 
No obstante, podemos tener la sensación de que siempre están enfermos, de que no salen de una cuando entran en otra. Y lo cierto es que la cosa no anda desencaminada: los expertos señalan que la frecuencia con la que los niños pueden padecer una infección durante el curso escolar es de una a la semana. Un ritmo que va decreciendo a la par que el pequeño crece; de modo que a los dos años será cada dos semanas y a los tres, cada tres. La razón no es otra que el escaso desarrollo del sistema inmunitario a edades más tempranas y que, gracias a los virus, se irá haciendo mucho más fuerte.
 
Y es que todo tiene sus ventajas. Un estudio realizado por el Banco de Células Madre de Andalucía, señala que los niños demasiado protegidos en casa tienen entre un 5 y un 20 por ciento más de desarrollar enfermedades graves, como cáncer, que los que están expuestos a diversos tipos de infecciones. Así, el aislamiento o los cuidados excesivos para evitar los virus acaban por inhibir el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. De modo que podríamos decir que los catarros tienen sus ventajas.