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 Desayuno para el niño en edad escolar
 

 

   
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Mi hijo sufre estreñimiento, ¿qué hago?

Consejos para evitar que la enfermedad se haga crónica

 

         
   

¿Qué es el estreñimiento?
 

El estreñimiento es una patología muy frecuente en los niños. Se caracteriza por dificultad para defecar y por la presencia de heces duras; además, el niño consigue expulsarlas con dificultad, tras intervalos de tiempo prolongados.

Pueden aparecer algunos síntomas como dolor abdominal, distensión del abdomen, meteorismo, disminución o pérdida del apetito, vómitos y a veces sangre en heces, que suelen alertar sobre la formación de fisuras en la región perianal.
  Estreñimiento infantil
  Dr. Andrés Bodas Pinedo
Servicio de Pediatría. Hospital Clínico San Carlos (Madrid)
       
 
 
El estreñimiento es el responsable de un gran número de consultas tanto para el pediatra de atención primaria como para el especialista en gastroenterología infantil.  Aproximadamente el 5 por ciento de las consultas que recibe un pediatra de atención primaria están relacionadas con el estreñimiento. En las consultas de los pediatras que se dedican a la gastroenterología pediátrica, el número de pacientes con este problema asciende aproximadamente a una de cada cinco visitas.
 
 
     
  En la primera infancia esta enfermedad es ligeramente más frecuente en los niños que en las niñas. El estreñimiento infantil es más prevalente entre los dos y cuatro años de edad. La sintomatología que ocasiona se cronifica en hasta un 30 por ciento de los niños que lo padecen, lo cual hace que cuando estos niños alcanzan la edad adulta sigan presentando este problema.  
     
 
 
Existen algunos grupos en los que el estreñimiento es más frecuente, como por ejemplo niños con autismo o con otros problemas neurológicos como la parálisis cerebral. Se ha observado además que puede existir una cierta predisposición familiar al estreñimiento, ya que entre el 28 y el 50 por ciento de los casos de niños con estreñimiento tienen  antecedentes familiares de esta patología.
 
El ritmo de deposiciones que se considera normal varía con la edad. Cuando el niño es un bebé recién nacido se considera normal hacer incluso cuatro deposiciones al día. A partir de este momento, el ritmo va disminuyendo hasta llegar a una o dos deposiciones diarias cuando el niño tiene alrededor de cuatro años de edad.
 
 
 

¿Cómo sé que mi hijo tiene extreñimiento crónico?

 
En diversas reuniones de expertos en la materia se ha intentado fijar los criterios que deben ser seguidos para clasificar y definir el estreñimiento funcional. En general hablamos de estreñimiento crónico cuando un niño cumple dos o más de las siguientes características:
 
•     Hace menos de tres deposiciones a la semana.
•     Tiene más de un episodio de incontinencia fecal a la semana.
•     Realiza defecaciones que le ocasionan malestar y dolor.
•     Adopta posturas en actitud de retención de las heces.
•     Realiza deposiciones grandes que pueden incluso obstruir el inodoro.
•     Presenta acúmulo de heces en el recto o que se palpan cuando se hace una exploración abdominal.
•     En el niño menor de seis meses se deben cumplir estas dos condiciones:
 
-   Al menos diez minutos de esfuerzo y llanto antes de la emisión de heces.
-   Que no existan otros problemas de salud.
 
A lo largo de su vida el niño pasa por períodos de tiempo en los que la aparición de estreñimiento es un hecho más frecuente. Existe mayor susceptibilidad al estreñimiento cuando al niño se le está retirando la lactancia materna, cuando está en la etapa de control de esfínteres y de retirada del pañal y cuando está adaptándose a la escolarización.
 
 
 

¿Cuáles son las causas más frecuentes de estreñimiento?

 
La mayoría de los casos de estreñimiento, hasta un 95 por ciento aproximadamente, son casos de estreñimiento funcional, es decir, no se encuentra una causa orgánica que justifique la sintomatología. Por lo tanto, solamente en un pequeño porcentaje de los niños con estreñimiento hablaremos de estreñimiento de causa orgánica.
    Causa estreñimiento infantil
El estreñimiento crónico infantil de tipo funcional en niños entre dos y cuatro años es frecuentemente debido a:
 
•    Una dieta pobre en fibra.
•    No haber adquirido correctamente el hábito de la defecación.
•    Tomar pocos líquidos o nutrientes.
   
Ocurre menos en niños en los primeros meses de vida, y en esto se relaciona con inmadurez del aparato digestivo, que se resuelve con el paso del tiempo o con el comienzo de su alimentación con fórmulas artificiales.
 
El estreñimiento se presenta con más frecuencia en niños con alteraciones del desarrollo psicomotor y en los que padecen alteraciones de la atención o cognitivas. También se observa en niños que sufren depresión o en algunas circunstancias que se asocian a estrés emocional, como el nacimiento de un hermano, separación de los padres, una desgracia familiar, aprendizaje forzado del control de los esfínteres, o con el desarrollo de ciertas fobias, como fobia al baño o rechazo de los cuartos de baño escolares.
 
 
 

¿Cómo empieza el estreñimiento infantil?

 
Existe un desencadenante que se encuentra de forma habitual en los niños con estreñimiento. Este desencadenante es la aparición de dolor asociado a una deposición dura. El miedo al dolor que aparece en los niños en estas circunstancias hace que estos tiendan a la retención de las heces para evitarlo. Esa retención hace que se produzca una distensión rectal y, como consecuencia de ello, una falta de percepción de la sensación de tener el recto lleno y de la necesidad de tener que defecar para vaciarlo. Si esta circunstancia se prolonga en el tiempo, es posible que el niño comience a presentar incontinencia  fecal.
 
 
     
  Entre las causas orgánicas relacionadas con la aparición de estreñimiento se encuentran la existencia de un estrechamiento en el ano o una mala localización del mismo, alteraciones endocrinológicas como el hipotiroidismo, alteraciones neurológicas intestinales como la enfermedad de Hirschsprung, alteraciones de la médula espinal, la ingesta de algunos medicamentos como el fenobarbital, antidepresivos, opiáceos o antiácidos y las intoxicaciones por vitamina D o por plomo.