Cómo conseguir calmar el llanto del bebé

Si el niño "se priva", hay que averiguar la causa para poder tratarle

 
Mediante el llanto, el niño demuestra su malestar, que puede estar desencadenado por múltiples factores, y no necesariamente implica dolor. En condiciones normales, el llanto  es vigoroso, de tono fuerte y bien tolerado. Un llanto débil, quejumbroso, o que cuando se produce fatiga al niño, debe ser motivo de consulta urgente con el pediatra.

 

     
  En la época de recién nacido y lactancia, es frecuente el llanto debido a cólicos del lactante; esta es una condición que no debe ser motivo de alarma, aunque a la mayoría de los padres les produce mucha angustia; los métodos de masajes, movimientos de piernas o colocar en brazos boca a bajo pueden aliviarlo, así como estimular la zona rectal con algún bastoncillo para estimular la expulsión de gases;  el llanto continuo, irritativo, que no se calma, en el niño muy pequeño debe ser motivo de consulta.
 
  Llanto del bebé: cómo calmarlo
     


 

Lloros para llamar la atención

   
Pero el llanto también puede ser utilizado por el niño como medio de llamar la atención y someter a los padres a su capricho. Por ello, las familias deben ser cuidadosas e intentar evitarlo. El exceso de complacencia y el satisfacer siempre los deseos del niño para que no llore es un mal sistema educativo que no le ayuda. Por ello, todos los miembros de la familia, empezando por los padres pero también incluyendo al resto (abuelos, tíos...), deben tener una actitud semejante y no transmitir al niño mensajes contradictorios.
 
 

Espasmos del sollozo: el niño "se priva"

   
Una situación especial que se da en la época de lactante y primera infancia son los espasmos del sollozo; a pesar de ser episodios que no revisten peligrosidad, constituyen motivo de mucha alarma y la familia puede considerar que se encuentran ante una crisis epiléptica, cuando no es así; en el espasmo del sollozo el niño rompe a llorar y el llanto queda detenido manteniéndose en situación de apnea (no respiración) que dura unos segundos y finalmente el llanto ya rompe. En ocasiones esa pausa puede arreglarse y el niño cambiar de coloración pasando a estar subcianótico al existir una falta de aire. Una vez el niño consigue llorar, recobra su coloración normal.
 
En ocasiones, estos espasmos del sollozo pueden ver alargada la pausa de apnea de modo que el niño llega a presentar un autentica pérdida del nivel de conciencia de algunos segundos de duración, con cambio de coloración y disminución generalizada del tono muscular. Es en estos casos cuando debe establecerse el diagnóstico diferencial con crisis epilépticas, pero el antecedente de inicio de llanto y situación de normalidad del niño una vez recupera su estado habitual, ayudan bien a establecer el diagnóstico; sin embargo estos espasmos del sollozo de larga duración con pérdida de tono, sí deben constituir motivo de consulta al pediatra para establecer bien el diagnóstico diferencial con un episodio de pérdida de conciencia que pudiese tener una causa patológica.

 

     
  Habitualmente las familias describen estos episodios como  que el niño "se priva"; en los aspectos educativos hay que ser cuidadosos ya que cuando el niño es mas mayorcito es consciente de la angustia que los espasmos del sollozo provocan en su medio familiar y utilizarlos provocándose el llanto y el espasmo a su voluntad para conseguir sus caprichos y no someterse a las normas educativas habituales de la familia.  
     

 

Vómitos de repetición en el bebé

   
Muchos lactantes presentan habitualmente regurgitaciones tras las tomas y esporádicamente todos los niños pueden vomitar, independientemente de la edad. Si éste es aislado y no se acompaña de ningún otro síntoma no merecen mayor importancia; si el niño sufre alguno más puede adoptarse como primera medida el dejar al niño sin tomar nada a lo largo de una hora e ir administrando cualquier solución oral isotónica (sueros de rehidratación oral que se venden habitualmente en las farmacias) en pequeñas cantidades: 10 mililitros cada 10 minutos.
 
Consulte al pediatra cuando los vómitos se acompañen de algunas de estas características:
 
Vómitos en el bebé   •   Sean de repetición, es decir, frecuentes a lo largo del día, por el peligro de deshidratación y porque pueden ser un síntoma precoz de enfermedades concretas. Si  además se acompañan de fiebre, pueden estar delatando infecciones del tracto intestinal, otitis, neumonías o infecciones urinarias.
     
  •   Si presentan coloración rojiza o negruzca porque pueden contener sangre fresca  o digerida.
     
  •   Aparece diarrea y la ingesta de líquidos es escasa: el bebé corre peligro de deshidratación.
     
  •   Si no hay deposiciones y el llanto puede delatar dolor, porque pueden estar alertando de una obstrucción en el tracto digestivo.
     
  •   Si el vómito se produce sin náuseas previas (vómitos en escopetazo), ya que puede deberse a hipertensión endocraneal.
       
 

El niño rechaza las tomas de alimento

   
El primer punto que hay que considerar es si no se le está ofreciendo al niño una cantidad excesiva de alimento y por eso lo rechaza. También se debe valorar que el niño no esté utilizando la negativa a alimentarse como un recurso de juego y de actuar como un pequeño déspota frente a la familia al ser consciente de la preocupación que en el entorno familiar produce su negativa a alimentarse. Salvo en estos dos supuestos, el rechazo del alimento debe ser siempre motivo de consulta; puede estar traduciendo patologías múltiples que el pediatra deberá investigar; la mayor parte de los trastornos patológicos, tanto generales como psicológicos, en la edad infantil, se acompañan de una disminución o de un rechazo de la alimentación.