Colecho y síndrome de la muerte súbita

A qué edad debe dormir un niño solo

A día de hoy existen pocas investigaciones sobre el colecho, las que más se conocen son las llevadas a cabo por uno de los mayores expertos internacionales en esta práctica, el doctor James McKenna, y que asegura demuestran que promueve los vínculos, regula los patrones de sueño de madre e hijo, favorece la lactancia materna, existe un mayor descanso y protege frente al síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL). Una cuestión que otros estudios científicos desmienten profundamente.
 
Para Mckeena, el ser humano es uno de los mamíferos "con mayor inmadurez neurológica" cuando nace: "El 75 por ciento del crecimiento del cerebro humano se produce en el periodo postnatal. Como consecuencia de su inmadurez, el bebé necesita apoyo y regulación externa. Constantes vitales como la frecuencia cardiaca, respiratoria, temperatura, sueño y despertar dependen del contacto con otros. Más del 40 por ciento de los niños en países industrializados sufren trastornos del sueño que sugieren que la cultura y las necesidades biológicas y psicosociales de los niños están en conflicto".
 
 
     
  Las investigaciones demuestran que los bebés que duermen con sus padres regulan antes los ciclos de sueño y aprenden a sincronizar la respiración y asemejarla a la de los adultos, algo que disminuye el riesgo de síndrome de muerte súbita. De los estudios de McKeena se obtienen resultados que indican que los bebés sufren apneas durante el sueño y que si la propia respiración no lo corrige, el niño se despierta y la reinicia.  
     
   
   
   

El colecho sincroniza respiración y temperatura

Colecho y síndrome de la muerte súbita    
  Un mecanismo que es más fácil que se produzca en las etapas de sueño ligero, motivo por el que los bebés no duermen con la profundidad de los adultos: necesitan estar en alerta para mantenerse vivos. Sus estudios evidencian que cuando madre e hijo duermen juntos se produce entre ambos una sincronización de temperatura corporal y respiratoria. "La concentración de CO2 exhalada por la madre puede modificar la respiración del niño, haciéndola más rítmica. El niño regulará antes su respiración, asemejándola a la de los adultos, y disminuirá notablemente las posibilidades de síndrome de muerte súbita", asegura.

Por otro lado, los bebés que duermen junto a su madre, se alimentan casi el doble que los que duermen en su cuna, lo que les permite estar más alerta, tanto ellos como sus progenitores, ante cualquier complicación respiratoria.
   
Mckenna insiste en que hay mayor peligro en dejar a un niño solo en una cuna, que en proporcionarle un entorno en el que duerma acompañado, con las debidas medidas de seguridad. Precisa que está de acuerdo en tomar precauciones para reducir los riesgos, pero que los accidentes de bebés que fallecen asfixiados o a causa del síndrome de muerte súbita suelen suceder en cunas donde duermen solos y sin supervisión. Algunos estudios señalan que en países como Japón, el colecho es una práctica habitual y que se registran muy bajos índices de muerte súbita.
     
   
   

La ley sacó a los hijos de la cama

 
La historia también ha influido a la hora de considerar el colecho como una práctica perjudicial. La doctora Alejandra Marina, defensora de la lactancia materna, explica en durante la Edad Media la mortalidad infantil era frecuentísima y la mayor parte de las veces se atribuía al aplastamiento o asfixia del bebé por parte de los padres. No obstante, muchos de los pequeños nacían con problemas, derivados de embarazos poco saludables o de partos mal atendidos.
 
La asfixia se consideraba tan problemática que en Italia se inventó un aparato llamado "arcuccio" para proteger a los recién nacidos de sus peligrosos padres dormidos. Los dibujos muestran un artilugio con aspecto de trampa para langostas; los costados de madera tenían grandes agujeros donde era posible poner un pecho para amamantar y una barra arriba, para sostener las mantas o frenar a un progenitor. Aunque se aceptara la asfixia como motivo de la alta mortalidad infantil, en realidad muchos de estos fallecimientos eran sumamente sospechosos. Así las cosas, en los siglos XVI y XVII, la mayoría de los países europeos dictaron leyes para impedir que los padres durmieran con sus bebés. En realidad, estaban tratando de impedir el infanticidio. Cuando había demasiadas bocas para alimentar no resultaba difícil asfixiar a un bebé "por accidente".
 
   

¿Hasta qué edad le dejamos en nuestra cama?

     
El pediatra Carlos González señala que éste es un punto polémico y asegura que aquellos niños que desde el nacimiento han dormido solos se sienten más inseguros y su evolución puede ser la contraria. Así, un niño de un año que jamás ha dormido con su madre es incapaz de imaginar que ello es posible y si lo descubre, con toda seguridad querrá volver cada noche porque ante él ha nacido un mundo lleno de posibilidades: disfrutar del abrazo de papá y mamá, conversar sobre cómo ha ido el día, sentirse cerca de la persona que quieres incluso por la noche…

Y además, tiene mucha mayor capacidad para pedir lo que quiere porque ya habla, o de imponer su voluntad, porque puede desplazarse él solo hasta la cama de sus padres. De manera que, no ha de sorprendernos si el niño que ha dormido solo desde siempre desea dormir acompañado cuando cumple los tres o cuatro años. Por el contrario, aquellos que han "colechado" durante años, a esa edad se sienten más seguros para comenzar a dormir solos.
  desarrollo infantil: colecho
 
 
 
     
  Cuándo sacar al pequeño de la cama, será una decisión de cada familia. Hay quienes optan por esperar a que duerma toda la noche sin despertarse, al destete, a la llegada de otro hermano, a que el niño lo los propios padres lo pidan...  
     
 
 
 
   
 

Cunas y camas para el colecho

   
  Hoy las familias pueden elegir entre diferentes maneras de "colechar": en la misma cama, en una cuna diseñada para adosar a la cama de matrimonio (cuna "sidecar"), adaptar otra cama más pequeña… Pasamos a resumir algunas de las opciones y recomendaciones.
   
Una cama grande: para que resulte cómodo a los padres, sobre todo si el bebé se mueve mucho, lo mejor es una cama mínima de 1,50. Hay familias que optan por echar el colchón al suelo para evitar caídas, pero no resulta conveniente porque la transpiración será escasa y puede generar problemas de humedad, frío, alergias…
   
Almohada de colecho: se trata de un delgado colchón con una almohada lateral que evita las posibles caídas del bebé
   
Cuna "sidecar": es una cuna sin uno de los laterales, adosada a la cama de los padres. Hoy día existen diferentes modelos, regulables en altura y en diferentes tamaños, según la edad del bebé. Llevan enganches que se acoplan a cualquier somier.
   
Adaptar mobiliario corriente: hay padres que optan por no comprar cunas específicas y sitúan cualquier cuna junto a la cama sin uno de los laterales. En este caso es importante anclarla con seguridad y que ambos colchones queden a la misma altura.
   
Camas adosadas: sobre todo cuando ya van siendo mayores, y si el espacio lo permite, se puede optar por adosar una cama individual a la de los padres.