Cómo afecta la incubadora a la comunicación del prematuro

Los padres deben hablar más al bebé hospitalizado

 
El nacimiento prematuro y la estancia en incubadoras o en unidades de terapia intensiva neonatal no tienen porqué afectar en el desarrollo comunicativo de los niños. La clave para evitar estos problemas está en que los padres pasen mucho tiempo con él y le hablen como lo harían si estuviera con ellos en su hogar.
 
 
     
  Aún se desconoce si los sonidos que los prematuros oyen inmediatamente después de nacer y su capacidad de vocalizar están asociados con el desarrollo posterior del lenguaje: estos sonidos externos y este comienzo de las vocalizaciones se produce antes de lo que sería normal en un parto llevado a término.  
     
 
 
Los niños que deben pasar el final de su periodo de gestación en incubadoras o Unidades de Terapia Intensiva Neonatal (UTIN) están sometidos a estímulos sonoros muy diferentes de los que experimentarían si todavía estuvieran en el útero materno. Los ruidos mecánicos y otro tipo de sonidos suponen una percepción diferente que, además se ve acentuada por el hecho de que no cuentan con la atenuación que aporta el cuerpo de la madre.
 
 
 

Primer estudio entre prematuros y comunicación

 
Un equipo de investigación del Hospital de Mujeres y Bebés de Providence, en la ciudad estadounidense de Nueva York ha realizado un trabajo para estudiar la relación de los neonatos prematuros con este tipo de sonidos. Hasta ahora no se habían realizado estudios sobre cuánto lenguaje oyen los prematuros durante el día en una incubadora.

Para sorpresa de Melinda Caskey, directora de este proyecto de investigación, el nivel sonoro que encontró en la Unidad de Neonatos del hospital de Providence era infinitamente más bajo que el que se podía registrar en un hogar común. En el mapa sonoro del recinto prevalecían sonidos de baja intensidad como los zumbidos de los monitores de control médico, el ruido general bastante alejado e incluso el más absoluto silencio.
  Prematuro y comunicación
 
Estos datos se alejaban sobremanera del entorno auditivo común de un bebé en el útero materno en el que repercuten todas las conversaciones de la madre y todos los ruidos que la circundan e incluso, durante los periodos de silencio, los sonidos de algunas de las funciones corporales de la gestante.
 
   
   

Los prematuros emiten sonidos

 
     
  Una de las primeras conclusiones del estudio reveló que la capacidad de emitir sonidos de los prematuros recién nacidos se incrementaba cuando dejaban de percibir los ruidos de la incubadora y oían hablar a los adultos. Su actividad vocalizadora aumentaba cuando oían a médicos y enfermeras, pero sobre todo cuando escuchaban a sus padres hablarles a ellos de forma personalizada, llegando a ser capaces de articular incluso los sonidos breves de las vocales.  
     
 
 
Para llegar a estas conclusiones, publicadas en la revista Pediatrics, el equipo dirigido por la doctora Caskey se centró en el seguimiento de 36 bebés muy prematuros que habían nacido con 27 semanas de gestación de promedio. El equipo se decidió a colocar a cada recién nacido prematuro un pequeño chaleco con un grabador digital que capturó el ruido ambiente y las vocalizaciones de los bebés durante períodos de 16 horas en lo que habrían sido la semana 32 y la 36 de gestación.
 
 
 

Vocalizaciones de prematuros de 32 semanas

 
Posteriormente recogieron todos estos sonidos e hicieron un mapa de las vocalizaciones de los pequeños y de los momentos en los que habían sido producidos, relacionándolos con el sonido ambiente que estaban percibiendo en el momento de realizar las citadas vocalizaciones. Los autores observaron que los bebés podían vocalizar perfectamente en la semana 32, es decir con ocho semanas de adelanto sobre la semana en la que podría hacerlo un bebé cuya gestación hubiera llegado a término, experimentando con ello un considerable adelanto en sus procesos de vocalización sobre un recién nacido normal.
 
Vocalizaciones de prematuros de 32 semanas   El índice de vocalizaciones se elevaba cuando en el sonido ambiente se introducían voces humanas ya estuvieran destinadas a ellos particularmente, a otros bebés de la UTIN o incluso fueran conversaciones entre adultos. Pero la propensión a realizar vocalizaciones se disparaba cuando los adultos les hablaban a ellos en particular y sobre todo si aquellos que les hablaban eran sus padres.

En los momentos de las visitas paternas su tendencia a emitir vocalizaciones se multiplicaba por dos llegando a aumentar en un 129 por ciento su propensión a vocalizar en esos momentos. Los bebés también se volvían "conversadores" directos, es decir, sus vocalizaciones respondían a las cadencias de las voces de sus padres que les hablaban y aparecían apenas unos segundos después de que estos empezaran a dirigirse a ellos.
     
     

Más comunicación cuando los padres les alimentan

 
Otro elemento que dejó de manifiesto el estudio es que en la semana 32, los bebés prematuros ingresados, emitían muchos más sonidos y vocalizaciones cuando sus madres o padres eran los que se encargaban de su alimentación. Cuando una enfermera era la encargada de alimentarles, era recibida con mucho más "silencio" y sus vocalizaciones descendían al nivel de las que emitirían al escuchar cualquier voz de cualquier adulto en la sala.
 
 
     
  Sin embargo, cuando los prematuros alcanzaban la semana 36, cuatro antes de las que serían necesarias para una gestación completa, esa tendencia cambiaba de forma general y los bebés eran igual de "comunicativos" con las enfermeras que con sus progenitores cuando les alimentaban.  
     
 
 
Los investigadores del equipo del Hospital de Providence achacan este cambio de actitud con el paso del tiempo a que, pasadas cuatro semanas en la incubadora, los bebés ya han desarrollado una mayor relación con las enfermeras. Por ello consideran que estas vocalizaciones pueden considerarse como "un mínimo hecho comunicativo, ya que su intensidad crece cuando el bebé reconoce o se siente vinculado a un adulto", según afirma la directora del estudio.
 
 
 

Los padres deben acompañar y hablar más al bebé

 
Pese a todo ello, la principal conclusión del estudio de los investigadores estadounidenses es que los niños prematuros internados en un hospital reciben muy pocos impulsos acústicos basados en el lenguaje hablado. En los datos del trabajo el habla representó entre un dos y un cinco por ciento del total de los sonidos grabados en el entorno de los recién nacidos. Por ello, los doctores consideran fundamental que los padres de los neonatos prematuros pasen el mayor tiempo posible con ellos y les hablen mientras se encuentran con ellos para compensar la falta de lenguaje hablado en el entorno auditivo que experimentan durante su estancia en el hospital.