Introducción de
alimentos en el lactante
 
 Desarrollo físico del recién nacido
 
Tabla orientativa basada en los meses de tu bebé y alimentos incluidos en su dieta
 

Papillas y purés para lactantes

Cereales, verduras, frutas y pescado

 
 
Los primeros alimentos que se deben introducir son los cereales, en torno a los cuatro o seis meses en forma de papillas preparadas con leche materna normal (lacteadas, más difíciles de preparar, y si  requieren leche especial, hay que sustituirla por la normal) o con agua, añadiendo una o dos cucharadas de harina. Son bien aceptadas por el lactante porque tienen sabor dulce y además, pueden sustituir una de las tomas de leche sola.
 
Lo más importante es comenzar con cereales sin gluten (arroz o maíz) para evitar intolerancias o riesgo de enfermedad celiaca.
     
A partir de los ocho o nueve meses ya se pueden introducir los cereales con gluten (trigo, cebada, centeno, avena). Las papillas de cereales se caracterizan por ser tratadas con calor y enzimas para que estén hidrolizadas, convirtiéndose el almidón del cereal en maltodextrinas, de mejor asimilación y digestión. Aportan alto contenido de hidratos de carbono de absorción lenta, por lo que se pueden espaciar más las tomas gracias a su poder saciante y están suplementadas con vitaminas y minerales, principalmente calcio y hierro.

Existen preparados de harinas instantáneas a las que solo hay que añadir leche de continuación o leche materna recién extraída. El primer paso es siempre preparar la leche tibia en un recipiente e ir añadiendo las cucharadas de harina, evitando que se formen grumos.

En caso de que sean niños que reciben leche materna, es aconsejable que realicen primero la toma de leche y después la papilla de cereal en polvo preparada sólo con agua. Si son niños que reciben lactancia artificial, se le pueden añadir 1 o 2 cucharadas de harina en el biberón para que se acostumbre, e ir aumentando poco a poco la cantidad hasta que se adapte a ello.
 
 
En cuanto se pueda, es importante introducir el uso de la cuchara para que aprendan a paladear y a conocer mejor el sabor y la textura de la preparación alimenticia. A los lactantes mayores de nueve o diez meses, se les pueden dar otros alimentos derivados como el pan en forma de sopas o pasta fina como los fideos.

 
 
Frutas en zumo o trozos
 
Otro de los alimentos que se introducen pronto en la dieta del niño son las frutas, empezando con zumos de naranja cerca del tercer mes. Para empezar, se le ofrecen dos cucharaditas 30 minutos antes de la toma de leche.
  A los cinco o seis meses, ya se pueden introducir en forma de papilla o purés y deben ser frutas maduras, limpias y sin piel.

Es mejor ofrecerle primero las de sabor poco intenso, como el plátano, la pera o la manzana, y dejar para el final las más alergénicas como el kiwi, la fresa o el melocotón; también hay que retrasar la introducción de los frutos secos o frutas oleosas como las aceitunas por su alto contenido en azúcares.
Las frutas aportan un alto contenido en agua, hidratos de carbono, vitaminas A y C, potasio y fibra. La toma de cada nueva fruta debe ser escalonada  para ver cómo las asimila el niño, si le agrada o no; si no le gusta un sabor, se deberá suprimir esa fruta de la dieta unos días para volver a introducirla más tarde.
Las papillas de fruta están hechas a base de naranja, plátano y manzana, pero pueden emplearse otras en función de la estación del año que nos encontremos, como ciruela, uva, melón... El bebé las acepta mejor a temperatura ambiente o ligeramente calientes en invierno. Si se quedan con hambre después de la papilla; por ello, se pueden añadir a la misma leche en polvo o unas cucharadas de cereales, incluso 2 o 3 galletas trituradas, si ya tolera el gluten.

Las frutas no se deben añadir al biberón porque al ser azucaradas y permanecer demasiado tiempo en la boca, pueden producir caries. Para lactantes mayores se les puede ofrecer zumo de fruta en un vaso pequeño después de las comidas o bien un pedazo de fruta madura para que la tome con la mano.
 
 
Verduras
 
  Las verduras y hortalizas son una importante fuente de vitaminas, minerales, agua y fibra. Se empiezan a introducir a través del caldo de cocción vegetal utilizado para diluir la leche en polvo o la papilla de cereales, con el fin de que el niño conozca nuevos sabores. A partir de los cinco o seis meses se introducirán en forma de purés, previamente cocidas sin sal y con poca agua de cocción para evitar pérdidas de vitaminas y minerales.

A las verduras ya cocidas se les añade  parte del agua de cocción de las mismas, rica en sales minerales, y una cucharada de aceite de oliva crudo antes de triturarlas, comenzando siempre con aquellas de sabor menos intenso como las zanahorias, judías verdes, puerro y patata. 
     
Si al niño le cuesta adaptarse a la verdura, se puede añadir al puré leche en polvo para que tenga un sabor más suave. Posteriormente, los purés se podrán enriquecer con carne, pescado, huevo o legumbres en el momento que el niño pueda ingerirlos.  

Las verduras de hoja verde como las espinacas o acelgas no se pueden dar hasta los nueve meses por su contenido en nitratos; los nitratos se transforman en nitritos en el organismo, los cuales se unen a la hemoglobina dando lugar a la metahemoglobina, que no transporta adecuadamente el oxígeno. Como el sistema de detoxificación o eliminación de tóxicos del niño está poco desarrollado, no puede metabolizar la metahemoglobina y le puede causar alteraciones. Por último, las verduras flatulentas como la coliflor o la alcachofa deben evitarse hasta los 12 o 15 meses.

 
 
Carne y pescado
 
Las carnes son ricas en proteínas de alto valor biológico, hierro y vitaminas del grupo B. Su incorporación a la dieta del lactante se realiza a los seis meses: lo más adecuado es comenzar con carne magra sin grasa, como el pavo o el pollo sin piel. La preparación ideal es hervir en el caldo de verdura o haciéndola a la plancha e incorporándola después a las verduras y aceite.
 
En cuanto a cantidades, para empezar basta con cantidades de 20 o 30 gramos, hasta llegar a los 50 gramos diarios. La segunda carne para introducir es la ternera, más rica en hierro que las anteriores, siempre tierna y sin grasa visible. Después se podrá introducir carne de caballo o buey y por último de cordero, nunca antes del año de edad. El jamón cocido y la carne de cerdo magra se pueden incorporar a los diez meses, evitando siempre los embutidos.
A partir del año podrá formar parte de su dieta el jamón curado y la carne frita o cocida al horno. No se recomienda dar vísceras blancas; en el caso del hígado es importante su contenido en vitaminas A, D y B y hierro, pero hay que tener especial cuidado con éste porque puede tener sustancias hormonales o nocivas para el niño, por ello no se recomienda hasta los 18 meses.
 
El valor nutritivo del pescado es similar al de la carne, pero se introduce más tarde, en torno al noveno o décimo mes, por su posibilidad de causar alergias. Primero se comienza con pescado blanco como merluza, gallo o lenguado; más tarde entra a la dieta el rape, un poco más fibroso. El alimento se puede cocer con la verdura o con arroz, cebolla, patata, tomate y aceite, todo bien triturado. Siempre se empieza con pequeñas cantidades de 30 gramos hasta llegar a raciones de 50-60 gramos. Puede cocinarse bien al vapor, a la plancha, al horno o fritos a partir del primer año de edad, al igual que el pescado azul (salmón), que puede producir más alergias. También se ofrecer al niño en trocitos para estimular su masticación.
 
Huevo
 
El huevo es otro de los alimentos que destaca por su alto aporte proteico, de vitaminas y minerales, y de grasa en el caso de la yema, ya que la clara carece de ellas. Debido a que es también un alimento altamente alergénico, se introduce primero la yema a los diez meses de forma progresiva, primero una cuarta parte, después un tercio, media yema y por último la yema entera para observar la tolerancia del bebé y debe ser cocida, dura o blanda. Como máximo se pueden aportar dos yemas a la semana y es posible añadirla a los purés de verduras "sustituyendo" a la carne o a las papillas de cereales. En el caso de la clara, nunca se debe de dar cruda ni antes del año. A esta edad, se pueda dar ya el huevo entero, duro o en tortilla un par de veces por semana.  

 
Leche de vaca
 
Entre los derivados lácteos, destaca el yogur, el cual está elaborado con leche de vaca fermentada, lo que supone menos contenido de lactosa y por tanto más digestible para el niño, por ello se introduce antes que la leche de vaca, al décimo mes, al igual que los quesos frescos. La mantequilla es otro  derivado caracterizado por su alto aporte de grasa y vitaminas A y D. Se puede añadir a los purés de verduras, sustituyendo al aceite de oliva, en poca cantidad 2 o 3 veces por semana, y siempre a partir del séptimo mes. En el caso de las natillas, flanes y "petit suisse", es recomendable esperar hasta el año.

 

Otros alimentos
 
La leche de vaca primero se introduce desnatada a los 11 meses, y si la tolera bien, semidesnatada y a partir del año entera. Nunca antes porque sus proteínas son muy indigestas y alergénicas, aunque es preferible retrasar su introducción hasta después de los 24 meses
 
Otro tipo de alimentos que se deben aportar a partir del primer año de edad son las legumbres, con alto contenido en proteínas vegetales, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y fibra, la cual si es excesiva puede interferir con la absorción de nitrógeno y minerales. Se incorporan a la dieta del bebé en forma de purés, habiendo eliminado previamente la piel con un pasapuré. Las legumbres mejor toleradas con los guisantes, seguidos de las lentejas, judías blancas y garbanzos.
 
El azúcar, la pastelería y bollería no son un "premio o compensación" porque se fomentaría en el niño hábitos alimentarios erróneos. Son alimentos cariogénicos, cuya alternativa pueden ser edulcorantes artificiales, como el aspartame.