Lactancia materna en bebés con enfermedades digestivas

Dar el pecho al bebé mejora el pronóstico en casi todos los casos

 

   
  Las enfermedades gástricas del bebé pueden hacer peligrar la lactancia materna a primera vista. Sin embargo, se recomienda que nos niños que padecen estas dolencias sean amamantados para poder beneficiarse de la leche materna, más digerible y con una composición más adecuada para su aparato digestivo. Hacemos un repaso de las más comunes.
   
 
 
Dra. Esther Vaquero. Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil.
Servicio de Pediatría del Hospital Clínico San Carlos
 
   

Recién nacido con enfermedades digestivas

 
Lactancia materna bebé enfermedades digestivas   El reflujo gastroesofágico consiste en el paso del contenido gástrico hacia el esófago, con emisión del mismo por la boca (regurgitaciones o vómitos). Es bastante frecuente en lactantes, por inmadurez del aparato digestivo. En estos casos la lactancia materna es especialmente recomendable porque mejora el vaciamiento del estómago y disminuye la duración de los episodios de reflujo.

En casos de gastroenteritis aguda, un cuadro infeccioso de vómitos y diarrea, con potencial riesgo de deshidratación, la lactancia materna debe continuarse porque promueve una recuperación más rápida y un curso más leve de la enfermedad. Para mejorar la hidratación es recomendable aumentar la frecuencia de las tomas en niños afectados por gastroenteritis.
     
En familias con alto riesgo de enfermedad celiaca (trastorno autoinmune por intolerancia al gluten), la lactancia materna parece que protege o retrasa la aparición de la enfermedad, ya que pequeñas cantidades de gliadina en la leche inducen una respuesta inmune específica apropiada.
 
En la fibrosis quística puede existir tienen alteración del páncreas, el cual es un órgano fundamental para realizar una correcta digestión de proteínas y grasas. El tratamiento sustitutivo con enzimas pancreáticos haría que la leche materna se digiera bien sin tener que suspenderla.
 
La acrodermatitis enteropática es un defecto congénito para la absorción del zinc, en los que la lactancia materna está recomendada ya que el zinc que contiene tiene mayor biodisponibilidad y se absorbe mejor que el de otras fuentes. De hecho, los signos y síntomas de la enfermedad (lesiones de la piel o diarrea grave) suelen aparecer tras el destete.
 
La enterocolitis necrotizante es una inflamación y destrucción de la pared del intestino que sucede en algunos recién nacidos, sobre todo en bebés prematuros. En estos casos, la leche materna está indicada para una mejor recuperación del niño. También se ha demostrado que tiene un efecto protector, disminuyendo la incidencia de esta enfermedad.
   
   
   

Bebés con malformaciones del tracto digestivo

 
En niños nacidos con atresia -falta de perforación del esófago o del duodeno- no se podrá instaurar la lactancia materna hasta que no se haya intervenido el defecto y tengan un tracto digestivo que funcione.
 
En caso de estenosis hipertrófica del píloro (estrechamiento de la desembocadura del estómago al intestino delgado), el bebé podrá volver a mamar pasadas unas horas tras la intervención quirúrgica.
   
   
   

Enfermedades metabólicas en el niño

 
Existen determinadas enfermedades caracterizadas por trastornos del metabolismo de las proteínas, los hidratos de carbono o los lípidos. No habrá que suspender la lactancia materna salvo en casos muy concretos. La única consideración que se debe tener en cuenta es ajustar los aportes a la cantidad de macronutrientes que pueda tolerar el paciente y al tipo de patología que presente.
 
  La fenilcetonuria es un déficit enzimático (de fenilalanina hidroxilasa) que conlleva al acúmulo de fenilalanina en el organismo, pudiendo ocasionar entre otras alteraciones daño cerebral importante. En estos pacientes habrá que restringir los aportes de fenilalanina y administrar fórmulas especiales sin dicho aminoácido, pero hay que tener en cuenta que es necesario un mínimo aporte en la dieta (el cual se puede suministrar con la leche materna). El especialista determinará la cantidad que el niño puede consumir.   Lactancia materna en bebés enfermedades metabólicas
       
  La galactosemia consiste en un déficit enzimático para metabolizar la galactosa, que es un hidrato de carbono simple que, junto con la glucosa, forma la lactosa, el hidrato de carbono de la leche. Esta enfermedad es la única que contraindica absolutamente la lactancia materna, ya que la dieta ha de estar completamente libre de lactosa. El niño deberá tomar fórmulas especiales para evitar daños orgánicos secundarios ocasionados por el acúmulo del sustrato no metabolizado.  
       
         
         
         
     
   
  Lactancia materna en bebés con alergias  

Bebés con alergias e intolerancias

En los lactantes es bastante frecuente la alergia a las proteínas de leche de vaca, ya que esta proteína es el primer alergeno con el que entra en contacto a edades tempranas.

En niños que están alimentados con lactancia materna, puede suceder que pequeñas trazas pasen a la leche y produzcan cuadros de alergia o intolerancia digestiva. En estos casos no hay que suspender la lactancia sino retirar los lácteos de la dieta materna y ver si existe mejoría clínica.
     
  La intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche) puede ser congénita por déficit del enzima intestinal responsable de su metabolismo, en cuyo caso la lactancia materna estaría relativamente contraindicada tras cuadros de diarrea aguda. Este segundo caso es bastante frecuente, se resuelve en cuestión de y no contraindica la lactancia materna: la leche materna se tolera mejor que la artificial.