Consejos prácticos y posibles menús
 
 Nutrición infantil
 
Niño de 1 y 3 años

Niño de 3 y 6 años

 



 

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Consejos para que los niños coman bien

Comer sin TV y en un máximo de 40 minutos

 
 
  Buen comer y buen desarrollo psíquico de los niños
 
 
Luis Torres, uno de los especialistas del Observatorio de la Nutrición Infantil (ONI) y psicoterapeuta del Centro BIEM,  reseña que "comer es una conducta que afecta al buen desarrollo psíquico. A través de una buena alimentación el niño consigue:
 
•   Desarrollar un hábito que facilitará otros como el del estudio o el del baño.
   
•   Aprender a resolver conflictos, porque cuando un alimento no le gusta puede negociar comer menos cantidad o con menor frecuencia a cambio de probar algún alimento nuevo o tomar de otro que tampoco sea de sus preferidos.
   
•   Prevenir trastornos como la obesidad, la bulimia o la anorexia.
   
•   Crear rutinas que favorecen su autonomía. Se sentirá bien si le permitimos hacer cosas por sí mismo que estén implicadas en el proceso de la comida como participar en el menú, recoger la mesa, elaborar los platos…
   
•   Favorecer la estimulación del habla. Masticar y tragar sólidos son ejercicios imprescindibles para la tonificación de los músculos implicados en el habla.
   
   

 

 
  Consejos prácticos para que los niños coman bien
 
Para que un niño coma bien es necesario que la comida siga una rutina adecuada y para  lograrlo es importante que siga estos tres pasos:
 
 
⇒  A la misma hora:
  Con ello se favorece los ritmos del organismo. Para establecer un horario es importante tener en cuenta las características del niño y de la familia buscando un momento idóneo para todos. Una vez que el pequeño está sentado a la mesa no hay que demorarse en servir la comida.
   
⇒  En el mismo sitio o lugar:
  No podemos andar cambiando cada día el lugar donde el niño va a comer ya que es importante que el pequeño esté familiarizado con el espacio, que sepa dónde sentarse, dónde va a encontrar los utensilios… Si le cuesta comer, cualquier desorden exterior no hará más que acrecentar el problema.
   
⇒  De una misma manera:
  Hay que establecer una rutina antes de que el niño se vaya a la mesa: primero hay que avisarle de que va llegando el momento de comer, pedirle que se lave las manos o acompañarle a hacerlo, que ayude a poner la mesa, a colocarse su servilleta, Y después de comer, según la edad, que ayude a recoger.
   


 

  Padres ¿Lo que sea con tal de que el niño coma?
 
 
Nueve de cada diez padres se enfadan con sus hijos cuando estos rechazan la comida. Lo siguiente pasa por obligarles a comer, aplicar castigos, entretenerles con juegos, ofrecerles premios, triturar la comida para que sea más fácil, poner la televisión, disfrazar los alimentos con rebozados, "ketchup"… Otros muchos prefieren hacerles la comida que les gusta antes de tener que "alimentarse" cada día con raciones de estrés y mal humor.
 
"Ceder a las preferencias del niño es una actitud inadmisible, ya que favorece que el comportamiento se perpetúe. Los padres tienen que aprender a ser pacientes, firmes y constantes a la hora de establecer unas normas para el momento de la comida. Sobre todo es importante evitar las discusiones y los castigos, pues lo único que se consigue es atribuir a la comida un valor emocional", explica Luis Torres, psicoterapeuta del Centro BIEM, quien también advierte que "hay que esperar un tiempo razonable para evaluar resultados. Los hábitos no se cambian de un día para otro".

 

 

  Niños: tiempo límite para comer, entre 25 y 40 minutos
 
 
Los niños que comen mal se prologan durante horas delante del plato cuando lo normal es que fueran capaces de comer en un tiempo de entre 25 y 40 minutos.
 
 
 
¿Cómo conseguirlo?
 
Un método eficaz es emplear una alarma y explicarle al niño por qué la vamos a usar. El primer día permitiremos hasta una hora. Llegado ese momento hay que retirar el plato aunque no haya terminado. Luego hay que ir reduciendo 5 minutos cada tres días hasta llegar a los 40 minutos deseados. La comida debe transcurrir en un ambiente distendido y sin meter prisa al niño.

No hay que hacer ninguna alusión a que no come y, si hemos tenido que retirar el plato, es muy importante que no picotee nada hasta la próxima comida y que beba sólo agua.
   

 

Si el niño es menor de tres años, hay que ayudarle a llevarse la comida a la boca. Si no quiere, dejamos el cubierto y se intenta dar de nuevo el bocado pasados unos dos minutos. Se repite el ofrecimiento tres o cuatro veces y podemos permitirle que se levante de la mesa. Pasados tres o cuatro minutos volvemos a intentar darle de nuevo la comida. Si el niño es mayor de tres años es mejor dejarle a su aire; eso sí, no vale que se levanten de la mesa: tendrán que esperar a finalice la comida de los demás aunque ellos no hayan probado bocado.
 
A veces es imposible no perder la paciencia, así que en esos momentos es conveniente que sea el otro cónyuge, si coincide a la hora de la comida, quien se encargue de seguir. No obstante, los estudios revelan que el peso del niño malcomedor recae en las madres: sólo en Cataluña se registra una mayor implicación del padre, con un 19%.
 

 

 

     
    Niños: sin televisión a la hora de comer  
     
  ¡Quién no lo ha hecho! Mientras mira embobado el último capítulo de Bob Esponja, de Gormiti o de cualquier de las múltiples series infantiles que saturan la televisión vamos "colando" la comida al niño.  Pero ¿es una solución? Los psicólogos y expertos en la materia coinciden en que no. Sin embargo, el 75% de los pequeños ven la tele o juegan mientras come, algo que lejos de ser eficaz para que coman les provoca distracción. No obstante, Luis Torres precisa que "siempre se trata de una decisión familiar, y si el niño no es mal comedor y no se distrae de la comida no hay problema" aunque "sería mucho mejor y deseable utilizar ese tiempo para conversar juntos". Los psicólogos coinciden en que las comidas familiares sin televisión fortalecen los vínculos. En ellas, los niños aprenden principios como escuchar a los demás y participar en las conversaciones de una manera respetuosa.  
     
  Por otra parte, son muchos los estudios que relacionan la televisión con la obesidad. Una investigación publicada en la revista "Journal of Nutrition Education and Behavior" revelaba que los adolescentes de familias que veían la televisión cuando comían juntos tenían una dieta de peor calidad que los niños de familias que la apagaban durante las comidas: comían menos verduras y menos alimentos ricos en calcio. Está claro que los niños en edad escolar que pasan muchas horas frente a la televisión tienden a tener sobrepeso o a ser obesos, un problema que está aumentando seriamente en nuestro país.