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Cómo sé que mi hijo crece normalmente

Dar con el diagnóstico es clave para tratar el fallo de medro

 

 
Las consultas sobre el crecimiento de los niños son muy comunes en las consultas de Pediatría. Es vital saber si existe un problema real del desarrollo infantil, el llamado fallo de medro, para poder tratarlo adecuadamente. Los suplementos nutricionales y vitaminas son parte del tratamiento, que también pasa por revisar los hábitos a la hora de la comida y la historia clínica del paciente.
 
Dra. Esther Vaquero. Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil.
Servicio de Pediatría del Hospital Clínico San Carlos
 
 
 
     
 

¿Cuándo hablamos de crecimiento normal?

   
  En todos aquellos casos en los que se produce un incremento progresivo del peso, la talla y el perímetro cefálico según un modelo estándar de percentiles, para edad y sexo, en concordancia con el potencial genético del niño.

El crecimiento viene determinado por factores nutricionales y hormonales, según el periodo en que nos encontremos. Durante la vida fetal y en la primera infancia -hasta los dos o tres años de edad- el factor fundamental es el adecuado aporte de nutrientes, a partir de entonces cobra importancia la acción de la hormona de crecimiento (GH) y en la pubertad se añade la influencia de las hormonas sexuales.

De esta forma, en condiciones normales, el peso del nacimiento se duplica a los seis meses de vida y se triplica a los doce meses. Del segundo al tercer año de vida se produce un enlentecimiento fisiológico en el aumento ponderal. Posteriormente el crecimiento es lento y uniforme hasta la adolescencia: entre 2,5 y 3,5 kilos por año y de 5 a 7 centímetros por año. En este momento se produce una aceleración del mismo: hablamos del llamado estirón puberal.
  Cómo sé que mi hijo crece normalmente
     
   
   
   

¿Qué es el crecimiento insuficiente o fallo de medro?

 
De forma general, los pediatras usamos este término para referirnos a un cuadro clínico en lactantes y niños pequeños que presentan una curva de peso -a veces de talla- inadecuada, con potencial repercusión en el desarrollo motor, e incluso social.
 
Es importante tener en cuenta que el concepto es algo temporal, es decir, no sirve con una sola cuantificación del peso sino que habría que hacer varias determinaciones a lo largo del tiempo y ver la tendencia de la curva en la gráfica de percentiles
 
 
     
  Así pues, el fallo de medro incluye a niños menores de tres años con un peso menor al percentil 3 para su edad y sexo en dos medidas separadas al menos dos o tres meses, a aquellos que tienen un peso menor al 80 por ciento del ideal para su talla y edad (según el denominado índice de Waterlow), y a los que han tenido una caída en la curva ponderal al menos 2 percentiles a lo largo del tiempo  
     
 
 
También se consideraría fallo de medro un incremento de peso menor de dos desviaciones estándar (durante dos o más meses para menores de seis meses, tres o más meses para mayores de seis meses) y una relación peso/talla inferior al percentil 3-5.

Si esta situación se mantiene durante un periodo prolongado además del peso pueden terminar afectándose la talla y el perímetro craneal.
 
 
 

¿Cuáles son las causas de un crecimiento insuficiente?

 
El origen puede estar en causas orgánicas o en causas no orgánicas, aunque lo más frecuente es que se trate de un origen mixto que conlleve a un fracaso para mantener un patrón establecido de crecimiento y desarrollo madurativo.
 
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El fallo de medro orgánico

  El fallo de medro orgánico. Puede ser debido a que el niño tenga un consumo disminuido de nutrientes (esta es la causa más frecuente) o que sus requerimientos energéticos estén aumentados, a procesos que cursen con malabsorción /maldigestión de los alimentos, a la dificultad para la utilización de los nutrientes o a pérdidas digestivas excesivas.

Lo más frecuente es que sea debido a un aporte insuficiente de calorías secundario a una mala técnica alimentaria (por ejemplo, con la lactancia materna), a enfermedades que cursen con dolor o molestias para tragar (infecciones bucales o esofagitis por reflujo gastroesofágico, entre otras), enfermedades crónicas que cursan con anorexia o rechazo de alimentación por introducción de alimentos nuevos (neofobia).
  Causas de un crecimiento insuficiente en el niño
   
  También puede deberse a que el gasto energético del niño es superior al que tendría en condiciones normales, fundamentalmente por enfermedades crónicas (como en cardiopatías congénitas) o por procesos banales agudos de repetición (infecciones respiratorias, otitis, etc.) que además de aumentar los requerimientos energéticos pueden hacer que el niño coma menos. Otro motivo es que, aunque se le den los alimentos necesarios para cubrir sus necesidades, tenga pérdidas excesivas (vómitos) o malabsorción de los nutrientes (diarrea crónica).
   
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El fallo de medro no orgánico

  Se debe a circunstancias del entorno que repercuten en el desarrollo del niño; inmadurez emocional de los padres, problemas matrimoniales, enfermedades mentales, alcoholismo y otras drogas, estrés familiar, etc. También existen causas psicológicas como trastornos postraumáticos del niño (por ejemplo, por atragantamiento previo) o las anorexias infantiles. Los niños con fallo de medro no orgánico presentan una conducta alimentaria alterada como falta de interés por la comida, saciedad precoz o escasa ingesta, y son muy activos e irritables.
   
Lo más habitual es que se trate de un fallo de medro de origen mixto, en el que inicialmente la clínica aparece por una causa orgánica y se mantiene o empeora por un mal manejo nutricional del entorno del niño. Esta situación perpetúa el desmedro y conlleva a desnutrición.
 
 
 

¿Cuál es el primer abordaje del fallo de medro?

 
Lo principal es diagnosticar que estamos ante un verdadero fallo de medro ya que existen factores genéticos o ambientales que limitan el potencial de crecimiento, sin que ello quiera decir que el niño está enfermo. Son causa de falso fallo de medro la talla baja familiar, los niños que han nacido con crecimiento intrauterino retardado, los que han sido prematuros, aquellos con sobrepeso (que descienden a su percentil normal) o los retrasos constitucionales del desarrollo.
 
Además hay que considerar que existen variantes de la normalidad que pueden simular un fallo de medro:
 
•    Hasta un 5 por ciento de lactantes sanos pueden descender un percentil desde el nacimiento hasta la sexta semana de vida.
•    Algunos, hasta un 5 por ciento de los casos, bajan dos percentiles desde los seis meses hasta el año de edad. 
•    Un 20 por ciento de los niños sanos pueden sufrir un estancamiento de peso transitorio durante varios meses.
 
Para esta primera valoración el pediatra realizará una amplia historia clínica recogiendo datos en relación a los antecedentes personales como embarazo, nacimiento, alimentación; familiares, como constitución física y edad de desarrollo de los padres; y entorno social del niño. También se registrarán otros aspectos importantes como la presencia de síntomas sugerentes de enfermedad, la relación del niño con la comida (si la rechaza, la escupe, etc.), la cantidad y calidad (incluida textura) de los alimentos que ingiere (encuesta dietética), la estimación del gasto energético según actividad del niño y las pérdidas digestivas (vómitos, diarrea) que puedan existir.
 
 
 
     
   
  Fallo de medro en el niño  

¿Es necesario hacer pruebas complementarias?

Una vez realizada la historia médica y, antes de solicitar exámenes complementarios, es fundamental la exploración física del niño.

En ella se determinarán las medidas antropométricas (peso, talla, perímetro craneal, pliegue del tríceps), anotando el percentil de cada una de ellas, y se calcularán los índices de valoración nutricional. También se buscarán signos de desnutrición (pelo ralo, piel seca, grasa corporal disminuida, etc.) y otras alteraciones que nos sugieran una probable enfermedad causante del cuadro clínico (abdomen distendido en enfermedad celiaca, por ejemplo)
     
  Cuando el pediatra tenga orientado el caso, según los datos clínicos y físicos, se solicitarán las pruebas complementarias necesarias según la sospecha diagnóstica. Por ejemplo, analítica de sangre y perfil del hierro, anticuerpos de enfermedad celiaca, estudio de heces o de orina, pruebas de alergia a las proteínas de la leche, etc