Catarro y gripe: cómo prevenir el contagio y factores de riesgo

El humo de tabaco dispara el riesgo de infecciones respiratorias

Es muy importante insistir en que existen determinados factores que pueden favorecer o reducir la aparición de infecciones respiratorias como catarro común y gripe. Los padres deben conocerlos y el pediatra debe aconsejar sobre ellos.
 
 
¿Qué factores aumentan el riesgo de catarro y gripe en los niños?

 

Catarro y gripe: prevenir el contagio  

Factores protectores: lactancia materna


Es consenso general que la lactancia materna protege contra muchas infecciones respiratorias. La lactancia materna exclusiva, al menos durante los cuatro primeros meses de vida, reduce en más de un 70 por ciento el riesgo de hospitalización secundaria a enfermedades respiratorias y la frecuencia de enfermedades como la otitis media aguda, catarro común y gripe.
 
     
     
Catarro y gripe: factores de riesgo  

Factores de riesgo: asistencia a guarderías


Uno de los factores de riesgo asociado con las infecciones respiratorias es la asistencia a las guarderías. Este ámbito aumenta el riesgo de infección respiratoria aguda tanto de vías respiratorias altas (otitis media aguda, catarro común, gripe, etc.) en un 88 por ciento como de vías respiratorias bajas (neumonías, bronquiolitis, bronquitis...) en un 110 por ciento.

Estos efectos se pueden reducir educando a los cuidadores sobre los principios básicos de la transmisión de las enfermedades y extremando las medidas de higiene dentro de las guarderías.
     
     
Catarro y gripe: infecciones respiratorias  

Tabaco e infecciones respiratorias


Los efectos perjudiciales del tabaco sobre la salud son numerosos afectando a los propios fumadores, pero también a las personas que conviven con ellos, que se convierten en fumadores pasivos o también llamados fumadores involuntarios.

Aunque las manifestaciones clínicas suelen darse principalmente en la edad adulta, el tabaquismo es una enfermedad pediátrica. La razón es que se inicia durante la infancia y la adolescencia en el 90 por ciento de los individuos que han fumado alguna vez en su vida. Además, la exposición involuntaria o pasiva al humo del tabaco ambiental, (llamada "tabaquismo pasivo" o "exposición al humo de segunda mano", se puede establecer ya desde la vida fetal y persistir con más o menos intensidad durante toda la vida del individuo. Los padres fumadores lo hacen en el interior de la vivienda o el coche, convirtiendo a sus hijos en fumadores involuntarios.
 
Entre los datos epidemiológicos sobre tabaquismo pasivo en España destaca que el 49,5% de la población está expuesta de forma involuntaria al humo del tabaco, bien sea en el hogar, en la escuela, en el trabajo o en el ámbito del ocio. En el estudio Neumoair (estudio coordinado para evaluar el tabaquismo infantil en una muestra de niños españoles de 0 a 14 años de edad) se constató que casi el 60 por ciento de los niños estaban expuestos involuntariamente al humo del tabaco. En el 26 por ciento de los casos la exposición fue durante el embarazo.
 
Cuando se analizaron aspectos como la política de restricción tabáquica en el hogar, se constató que sólo en el 27 por ciento de los hogares había una prohibición expresa. Al medir los niveles de cotinina urinaria (metabolito de la nicotina que se usa como marcador de tabaquismo) de los niños se pudo observar que estaban igualmente aumentados en aquellos que vivían en hogares sin restricciones para fumar y en los que se permitía en algunas zonas de la casa. Por tanto, lo que realmente garantiza la protección al niño es la prohibición expresa de fumar en el domicilio, siendo insuficiente el establecimiento de zonas prohibidas.
 
Estos datos demuestran de forma categórica la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra una gran parte de la población infantil. Situación que, por sí mismos, no pueden evitar. A diferencia de los adultos, ellos no tienen capacidad de elección entre vivir en una u otra situación.