Flora intestinal: Probióticos
 
Flora intestinal equilibrada
 

Alergia a la leche de vaca

Diferencia entre intolerancia a la lactosa y alergia a la leche

 

    Alergia a la leche de vaca
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La leche es la única alimentación de los mamíferos recién nacidos. La composición de la secreción láctea es específica de cada especie y se adapta a las necesidades de crecimiento de sus crías, siendo su composición variable, modificándose en función del tiempo.
 
La leche de mujer es el alimento específico y, por tanto, el más adecuado para el niño durante el primer trimestre de vida. En ocasiones, la lactancia materna no puede establecerse o mantenerse y se sustituye total o parcialmente por leche de otros mamíferos y, en nuestro medio, la más utilizada es la leche de vaca. Su composición proteica consiste en un 80% de caseína y un 20% de proteínas séricas. Además, la leche de vaca contiene la betalactoglobulina (BLG), que está ausente en la leche de mujer, y es una de las proteínas implicadas con mayor frecuencia en las reacciones alérgicas a la leche de vaca.
 
Las fórmulas adaptadas de leche de vaca utilizadas para la lactancia artificial tienen un aminograma semejante al de la leche materna.
 
La introducción en los primeros meses de vida, cuando se están estableciendo los mecanismos de tolerancia inmunológica, de proteínas extrañas para nuestra especie tiene como consecuencia una elevada frecuencia de reacciones adversas. Las reacciones alérgicas a las proteínas de la leche de vaca se producen fundamentalmente por un mecanismo inmunológico mediado por anticuerpos IgE específicos.
 
     
  Anticuerpos IgE específicos: La IgE es el anticuerpo producido en las reacciones alérgicas.  
  Cuando se desea saber si una persona es alérgica a una sustancia en particular, se lleva a cabo un análisis de sangre de inmunoglobulina E (IgE) para detectar la presencia de un alérgeno específico. Hay un anticuerpo IgE específico para cada alérgeno como ejemplo: el IgE producido como respuesta al polen es diferente del IgE que se genera con la ingesta de determinados alimentos (leche de vaca, huevo, etc).  
     
  PLV: Proteína de leche de vaca  
     

 

Son factores de riesgo para padecer alergia a la leche de vaca, la carga atópica familiar y la administración intermitente de proteinas de leche de vaca (PLV) durante la lactancia natural, sobre todo durante las primeras semanas de vida. Se discute el papel de la administración precoz en los primeros días de vida de PLV con posterior lactancia materna, e incluso de la lactancia materna prolongada, así como el de la sobrecarga antigénica de la madre durante el embarazo y la lactancia, y los cambios de la microflora intestinal que favorecerían la prolongación de la situación Th2 fetal. Existen en el calostro materno factores moduladores, como el TGF-β1, que algunos autores encuentran disminuido en las madres de los niños con alergia a las PLV mediada por IgE. La variación en los contenidos de IL-4, IL-5 e IL13 en calostro explicaría algunos aspectos de la controversia sobre la prevención de la lactancia materna.

 
  ¿Qué es la intolerancia a la lactosa? Diferencias con la alergia a la leche
 
La lactosa es un azúcar que está presente en todas las leches de los mamíferos: vaca, cabra, oveja y en la humana, y que también puede encontrarse en muchos alimentos preparados. Es el llamado azúcar de la leche, (C12, H22, O11) disacárido natural compuesto de glucosa y galactosa.
 
     
  La intolerancia a la lactosa es una afectación de la mucosa intestinal que supone la imposibilidad para digerir la lactosa (azúcar de la leche) debido a una deficiencia de una enzima llamada lactasa.  
     
  Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son el dolor abdominal, la diarrea, la distensión del abdomen y la flatulencia, apareciendo pérdida de peso con malnutrición.  
     
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No conviene confundir la alergia a las proteínas de la leche con la intolerancia a la lactosa pues, aunque comparten síntomas, requieren tratamientos diferentes y el mecanismo de acción es distinto. La alergia es un problema del sistema inmune y la intolerancia, del aparato digestivo. De este modo, la alergia se produce por una reacción inmunológica (de defensa) con producción de anticuerpos contra una proteína alimentaria específica, en la que sólo una pequeña cantidad de la misma origina la reacción.

En cambio, en la intolerancia alimentaria los mecanismos son diferentes pero nunca inmunológicos, es decir, no interviene el sistema inmune en la reacción. Estos mecanismos pueden ser enzimáticos, como es el caso de la intolerancia a la lactosa. Estos niños carecen del enzima lactasa y por tanto no son capaces de digerir la lactosa, lo que les provoca diarreas cuando toman leche o derivados lácteos. La intolerancia a la lactosa es pues la intolerancia al azúcar de la leche, formado por glucosa y galactosa.